El jefe de Gobierno y la Presidenta compartirán el mismo palco. Aunque la gala es organizada por la Ciudad, hasta anoche seguían los tironeos con la Rosada por la lista de invitados
Así, el jefe de Gobierno quiere –además de mostrarse como el gran hacedor de las obras de remodelación– ubicarse como facilitador del diálogo en el escenario político nacional y llevarse las fotos y los aplausos (ver página 9). Macri jugará de local y compartirá el palco con la Presidenta, quien llegará junto a varios funcionarios del gobierno nacional. Es que Fernández de Kirchner tampoco quiere perder protagonismo y en la Casa Rosada analizaban anoche la posibilidad de que se presente en la gala acompañada por su gabinete en pleno. “Nadie se lo quiere perder”, explicó a este diario un importante funcionario nacional. Pero Macri hizo pesar su localía y simplemente se limitó a informar al Ejecutivo nacional la cantidad de butacas que le había asignado para el evento. La jefa de Estado puso el grito en el cielo. “Son muchos los que quieren ir y que la Presidenta quiere que vayan, y pocos los lugares que habilitó el gobierno porteño”, precisó la fuente consultada, que hasta anoche negociaba con las autoridades porteñas los detalles de la velada y buscaba conseguir alguna butaca más para el kirchnerismo.
Quienes sí tienen asegurados sus lugares son los dirigentes opositores antes mencionados. Todos, a excepción de Carrió, confirmaron a El Cronista su asistencia a la gala. Del resto de los invitados, pegarán el faltazo Felipe Solá, quien se tomó algunos días de descanso y volverá a Buenos Aires recién el martes para participar de los festejos por el Bicentenario; y Ricardo Alfonsín, que el lunes a la noche tiene programada una actividad de campaña en Mar del Plata. Se perderán una selección del acto III de El Lago de los Cisnes, de Piotr Tchaikovsky y una representación del segundo acto de la ópera La Bohème, de Giacomo Puccini.
Los presentes le pondrán el cuerpo a una foto que no se verá ni en la Casa Rosada ni en el Tedeum porteño. En la primera, porque el Gobierno decidió no invitar a la cena del Bicentenario a Cobos, quien no pisa su despacho allí desde julio de 2008, cuando votó en contra de las retenciones móviles a las exportaciones agropecuarias. En el segundo, porque la ausente será la Presidenta, que eligió participar del evento religioso en la Basílica de Luján, dedicada a la patrona de la Argentina.
A la cena en el Salón Blanco tampoco fueron invitados los ex presidentes, según confirmó el ex mandatario Eduardo Duhalde, uno de los más frontales opositores al kirchnerismo entre los ex jefes de Estado. “No fui invitado, es un gesto típico de este gobierno”, se quejó en diálogo con radio Continental; aunque inmediatamente aclaró que “Si a mí me invita la señora presidente o (Néstor) Kirchner a hablar sobre el futuro y las políticas públicas que indispensablemente tenemos que llevar adelante a la Argentina, voy encantado. Pero a reuniones sociales no iría a ninguna”, avisó.










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