Macri se rectificó

El Jefe de Gobierno porteño admitió, recién hoy, que no pidió recomendación a la Embajada de Israel
Según consigna un cable de la Agencia Télam, "El jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, intentó hoy comenzar a bajar la polémica con Israel, luego de que la Cancillería de ese país desmintiera haber recomendado la designación de Jorge "Fino" Palacios. "Yo no fui a pedir ninguna recomendación, el nombramiento lo hice yo, sólo pedí opinión, y no voy a entrar en conflicto con un país con el que estoy bien", manifestó Macri al término de un acto".

Lo que se pregunta la gente en la calle, es ¿y ahora qué?. ¿Por qué la mentira?. ¿Por qué alguien que llegó a la política para cambiar lo que se dice de ella, comete un error tan grosero?. ¿Por qué Macri tuvo que esperar a que se descubriera la verdad por otros medios y por otros actores y no lo dijo cuando tuvo la oportunidad en su última visita a la Legislatura porteña?. Son algunos de los interrogantes que se hace el ciudadano común.

Pero lo más triste de esta corta historia, es que deja afectada la confianza pública y la imagen del Jefe de Gobierno, por más que se trate de desmentirla una y otra vez, o que incluso se intente en culpar a otros, o de creer que se construyen conspiraciones políticas todos los días, para tapar los propios desaciertos de una gestión. El Gobierno Nacional o la oposición en la Ciudad, tendrá sus propios errores y culpas, y deberán hacerse cargo en su momento, pero los errores propios hay que asumirlos y corregirlos.

Lo que sucede es que asumirlos y corregirlos significa pagar costos políticos, y en este país, nadie quiere correr con los gastos. Tenemos una cultura política, económica y social, que nos acostumbró, y en algunos casos nos enseñó, a que cuando nos jugamos es para ganar y si perdemos, el costo que lo pague otro. Como la deuda privada que mágicamente se convirtió en pública, como el canon del Correo, que cuando no pudo ser negocio pidieron que se estatizara la deuda, y muchos ejemplos más.

Pero, como ya nos tienen acostumbrados en estos últimos años, los publicistas de la nueva política, parece que no hay manera de hacer política si no es construyendo hasta con el agua podrida, según me dijo hace poco tiempo un político amigo. La explicación que me daba era la siguiente: Cuando alguien tiene que construir una casa -construir en política, sería la traducción- lo hace con los materiales que tiene a su alcance, por ejemplo ladrillos, cemento, arena, cal, agua. Pero si no encontrás agua pura, potable, para hacer la mezcla que una los componentes y un ladrillo se pegue con otro y se levante la pared, con el agua podrida también se puede levantar, porque no se ve en el resultado final. El problema es cuando comienza a deteriorarse con el tiempo y el uso. Un comentario y una enseñanza más que valedera por estas horas.

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