Las cosas entre el jefe de Gobierno porteño y el diputado nacional están cada vez peor. Desde el Pro, exigen el cumplimiento del viejo contrato firmado en las elecciones legislativa pasadas. Pero, el "Colorado" quiere tener vuelo propio y se resiste a la alianza
El mismo decía que el jefe de gobierno sería candidato a presidente y el empresario, a gobernador de la provincia, dependiendo de cómo fueran los resultados en esa contienda electoral. Los resultados fueron más que significativos: De Narváez le ganó a todo el aparato peronista del conurbano, encolumnado en una lista que encabezaban Néstor Kirchner y Daniel Scioli por 34,5% contra el 32%. En tanto que Gabriela Michetti le ganó apenas por 6 puntos a un Pino Solanas que, con poco aparato, llegó al 31%, confrontando con el 46,7% que Macri obtuvo en el 2007 en la primera vuelta para jefe de gobierno. Es decir que el gobierno de Macri perdió 15%, por una gestión considerada muy floja y esto jugando su carta más fuerte, como fue Gabriela Michetti. Por lo tanto, con el 31% en su distrito y mucho menos en el interior -según señalan las encuestas-, parece aventurado para Macri aspirar a una candidatura presidencial que seguramente no tendría ningún destino, además de carecer de una estructura nacional que le permita realizar una interna donde voten 300.000 personas en todo el país.
En cambio De Narváez, con su decisión de competir en la interna del PJ como integrante de la fórmula o candidato a gobernador, sí tiene serias chances de ganar esa interna en alianza con Reutemann y Duhalde que, en última instancia, se van poner de acuerdo.
Michetti no alcanzaría a ver la tendencia del electorado porteño y muestra una encuesta donde está segunda para jefa de gobierno después de Pino Solanas, mostrándose convencida de que en una segunda vuelta ganaría. Así es que quiere que Macri se lance a la presidencia así se queda como candidata. Pero el problema es que la política no es una expresión de deseos sino de realidades y como la gestión del PRO quiere castigar a la sociedad porteña con más impuestos, las chances de reelección en la ciudad están cada vez más lejanas. Y dada su popularidad, De Narváez, por su parte, no va a ir de cola de ratón: prefiere ser cabeza de león o lomo de león.





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