Elude las críticas internas por su afinidad con el oficialismo; "es lo que votó la gente", dice
Desconfiado, sin ocultar su enojo, pero haciendo gala de una inédita paciencia de toque oriental con mucho de pragmatismo, Mauricio Macri responde con tono monocorde. "Muchachos, para pelearme tengo tiempo. Aguantemos un poco más que quiero vivir tranquilo", les dijo el jefe de gobierno a varios dirigentes de primera línea de Pro, a quienes se empeña en demostrar que el "operativo buena onda" dará réditos a mediano plazo, por más que las críticas hacia él estén a la orden del día.
En Bolívar 1 repasan lo ocurrido luego de la primera reunión del propio Macri con los ministros Julio De Vido (Planificación) y Amado Boudou (Economía) por el traspaso de los subtes a la órbita porteña. Los ministros Carlos Tomada (Trabajo) y Nilda Garré (Seguridad) se sumaron a las críticas opositoras porteñas luego del derrumbe del edificio del centro porteño que dejó como saldo una persona fallecida. El senador y ex candidato porteño Daniel Filmus acompañó el reclamo de los gremios docentes y dirigentes del kirchnerismo que se oponen con furia a la nueva ley de selección de docentes porteños, todos con Mauricio Macri en la mira. Del lado del haber, en el macrismo cuentan las negociaciones "racionales" por el traspaso del subte y el acuerdo del jueves último que determinó las ternas para cubrir cuatro juzgados federales, "que fue bueno para nosotros y no esconde ningún acuerdo bajo la mesa", según afirmaron cerca del jefe de gobierno.
Más allá de que por lo bajo hay disenso sobre las estrategias asumidas ante cada problema, los ataques kirchneristas molestaron al jefe de gobierno. "Me resulta muy extraño, no los termino de entender [al Gobierno], pero sigamos adelante con propuestas", dijo Macri a los ministros el jueves según pudo reconstruir LA NACION. Un día después, estaba dándole la mano a Boudou en un acto de Telefónica y volvía a twittear: "Es hora de mirar hacia el futuro trabajando juntos y pensando en lo que nos une". En el macrismo, en principio, creen que en el Gobierno no todo es agresividad y hostilidad hacia su jefe, una actitud que se extiende hasta en lugares inéditos, como el club Boca Juniors, puntal de la carrera política de Macri. "Hay gente con la que se puede conversar, y otros que son los gurkas de siempre", afirmó a LA NACION un ministro. Sin la asistencia cercana de Jaime Durán Barba (en México), Macri parece escuchar más a quienes le susurran que todavía hay margen para mantener las formas cordiales, como Marcos Peña y Horacio Rodríguez Larreta. "Pase lo que pase, nuestro objetivo sigue siendo el mismo: construir una alternativa a nivel nacional para 2015", afirmó el jefe de Gabinete porteño a LA NACION. Pero agregó: "Tenemos una responsabilidad con la gente y la vamos a cumplir mejor si hay buenas relaciones con el Gobierno".
Alguna disidencia a tanto acercamiento sin críticas surge del armado nacional del macrismo. "Pelearse por pelearse no es bueno, pero de ahí a integrarse a una confederación kirchnerista hay una diferencia grande. No hay que sobreactuar una unidad que no existe", advirtieron dos de los dirigentes que participan del proyecto presidencial de Macri. Otro dirigente de peso le recomienda a Macri tener extremo cuidado "porque los kirchneristas serán siempre iguales".
¿Y si la ofensiva contra él se redobla? Cerca de Macri afirman que los modales Pro se mantendrán. "Pero ojo, Mauricio no es (Daniel) Scioli", definían los que le ponen límite a la paciencia macrista, una virtud que el gobernador bonaerense parece tener en cantidades inagotables.









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