En medio de una gestión porteña que presenta grises cada vez más desteñidos, el jefe de Gobierno sumó a su álbum una postal cordobesa. Entre tanto, y aunque la interna sindical sigue sin definirse y las cifras del empleo no son las de antes, se redondeó un 25% de aumento del salario básico.
Mientras Emilio Monzó, a la vez ministro de Gobierno y presunto gran armador nacional del macrismo, no parece obtener grandes logros en su misión de constructor, Mauricio Macri sumó una fotito más para su álbum de campaña. Ya tenía una con Daniel Scioli, ahora tiene otra junto al gobernador cordobés, José Manuel de la Sota. A la vez, De la Sota, antiguo peronista renovador que "no midió" en 2003 cuando Eduardo Duhalde pensó en ungirlo como candidato presidencial, hace política nacional entablando con la Nación una disputa judicial por temas impositivos. No parece mucho.
Es llamativo: tres jefes distritales que teóricamente compiten por la presidencia pretenden hacer política grande intercambiando fotitos. Pasos de ballet, como lo fueron las frases más bien toscas de Macri sobre la esencia subversiva que pueda latir en El Eternauta (hay en el fondo ese persistente recelo ideológico), o la otra cuestión más grave de crear un 0800 para denunciar "intromisiones políticas" en la escuela, o la tercera, muy feíta, de amenazar metrodelegados en lugar de buscar soluciones de largo plazo a un conflicto enmarcado en la discusión por el traspaso del subte.
El lunes, demasiado tiempo después del primer anuncio de Florencio Randazzo sobre la creación de una agencia metropolitana de transporte, hubo una reunión de Nación, Provincia, Ciudad. Participaron Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal. Pasó más bien poco, un poco algo más horroroso si se considera el pedido del gobierno porteño: quince días más para hacer "sugerencias". Qué pena que no fueron con las sugerencias ya procesadas.
Como para desdibujar aún más el papel de la gestión de Macri, las autoridades porteñas recibieron el fallo-reto de la jueza Patricia López Vergara, que les ordenó emplear los fondos depositados por Nación para aplicarlos a gastos operativos y de mantenimiento. El fallo apareció como introducido con bisturí, amablemente, justo cuando debía realizarse la reunión tripartita. No parece casual. La traducción de la vicejefa fue simpática: dijo que el gobierno nacional "liberó" el dinero de los subsidios, como si no hubiera estado todo este tiempo disponible sino secuestrado por Lucifer. Y efectivamente debió ser temor a lo satánico: las autoridades porteñas pidieron al Banco Nación que el dinero no pase por el Banco Ciudad -vade retro- sino que fuera directo a Metrovías.
Caló cala o no
A los movimientos de ballet se suma el paso de comedia de la interna sindical. El antimoyanismo no termina de definir ya no un perfil sino siquiera un liderazgo. Que es Antonio Caló, que no, que un triunvirato. A esta altura parecería que el kirchnerismo no quiere meter ni el dedo gordo en esos tembladerales. Un cierto paralelismo con lo que sucede con la vida partidaria nacional, sólo que a la inversa. Al kirchnerismo se lo puede criticar pero se sabe qué modelo de país o de gobierno representa, mientras que de las oposiciones se sabe poco. En el caso gremial se conoce qué puede representar Hugo Moyano, a qué discurso apela, aunque últimamente también le dio por la manía de las fotos dudosas. Por el contrario, el antimoyanismo oscila entre el respeto a reivindicaciones que plantea Moyano, o lo critican pero con temorcito, y a la vez rescata, no siempre con buen discurso, las políticas del Gobierno.
El sindicalismo argentino tiene un problema que apenas ve y no quiere o puede afrontar: modos de interpelar a la sociedad. Tanto para el Estado/gobierno como para los sindicatos, el espacio del Consejo del Salario podría ser uno entre otros posibles espacios de interpelación política y social. La última edición del Consejo quedó relativamente disminuida por la ausencia del moyanismo y media CTA. Aun así, una vez más el 25 por ciento de aumento quedó bien por encima de la medición de inflación anual del Indec.
Ruidos sí, tragedia no
Hasta hoy el empleo no parece haber sido tan afectado por los problemas internos de la economía (baja de la actividad por control a las importaciones y el dólar) ni por los externos (básicamente, el impacto de la recesión en Brasil sobre todo en la industria automovilística). Según escribió el consultor Artemio López sobre la base de cifras del Indec (mucho menos cuestionadas que las de inflación), la destrucción de empleo es poco significativa, aunque se registra un aumento apreciable de la tasa de subocupación horaria (quienes trabajan menos de 35 horas semanales).
La situación podrá variar a favor cuando impacten diversas políticas oficiales: la reactivación del sector de hidrocarburos traccionada por YPF, el plan Procrear de viviendas (arduo de implementar), los créditos productivos que dificultosamente comenzaron a lanzar los bancos con fuerte presión estatal.
Esta semana Miguel Galuccio, presidente de YPF, hará anuncios ambiciosos. También se está a la espera de grandes inversiones privadas. Es para tentarlas que comenzaron a flexibilizarse los precios de los hidrocarburos a boca de pozo, con su consiguiente reflejo en el valor del GNC.











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