Macri cree que va bien: mira sus encuestas y sueña un contragolpe

Por: Julio Blanck

Si se les pudiera creer enteramente a las encuestas, Mauricio Macri debería estar satisfecho luego de su declaración indagatoria ante el juez Norberto Oyarbide.

Un sondeo relámpago que mandó a hacer el miércoles, después de su larga visita a Tribunales, y otro realizado ayer, dieron como resultado que los encuestados le creen más a él que al juez; y que una mayoría generosa tomó por buena su denuncia de que Néstor Kirchner está detrás del caso que, a partir de las escuchas ilegales de un espía policial que revistó como asesor del Gobierno porteño, le está creando a Macri el dolor de cabeza más grande de su carrera política, justo cuando empezó a carretear hacia la candidatura presidencial.

Pero a las encuestas, como a todo en la política, sólo se les puede creer parcialmente. Muestran una foto estática, muchas veces sesgada, mientras la película verdadera corre a ritmo de vértigo.

Los datos de los sondeos, de todos modos, no le cambiaron a Macri la percepción sobre los hechos por venir. Está seguro que Oyarbide va a procesarlo y sus abogados ya le dijeron que no se extrañe si la Cámara Federal confirma ese procesamiento. Un antecedente avala ese mal presagio: los camaristas que tratan esta causa ya rechazaron el pedido de apartar a Oyarbide que hizo el ministro de Seguridad porteño, Guillermo Montenegro.

En cambio, Macri estima que podrá tener éxito en una segunda apelación, ante la Cámara de Casación. Pero por los tiempos del proceso esto sucedería recién hacia finales de este año. Le esperan entonces largos meses de penuria política, soportando el desgaste a tiempo completo que le obsequia el kirchnerismo, y la presión constante del variado arco opositor en la Legislatura porteña.

Los macristas, aunque tienen número para frenar los embates de fondo, ya se preparan en la Legislatura para afrontar desde reclamos para formar una comisión investigadora hasta pedidos de juicio político a Macri. Piensan resistir todo. Pero no la van a tener fácil. La agitada y sorpresiva visita de Montenegro a la Legislatura, ayer, ya mostró el tono que dominará esas escaramuzas.

Empeñado en su plan presidencial, Macri va este fin de semana de visita a Córdoba. Es parte de su programa de cuarenta giras por todo el país. Optimista, supone que a pesar de todos los contratiempos por este escándalo de las escuchas, hay tres factores que lo mantienen en carrera, muy cerca de Kirchner y de Julio Cobos si se toman las mediciones de intención de voto en el orden nacional; y por encima de ellos si se consideran las de Capital y GBA.

El primero de esos tres factores, según Macri, es que su gestión va teniendo más visibilidad y consolida así una imagen positiva.

El segundo factor es que el enfrentamiento con el Gobierno y con el juez Oyarbide lo colocan en el lugar de "el hombre atacado por el kirchnerismo". Es el papel de víctima, que tanto rédito supo darle en las elecciones pasadas a Francisco de Narváez.

El tercer factor de consolidación, según Macri, créase o no, es el mal momento futbolístico de Boca. "Peor le va a Boca, más se acuerda la gente que con Mauricio presidente eran campeones todo el tiempo", dicen en las oficinas del Jefe de Gobierno.

A los puristas de la política los espanta, con toda razón, esta manera de ver la construcción de un candidato. No es lo que le preocupa a Macri, quien suele repetir que en la Capital encuentra mucha más resistencia que en el interior. "Cuando cruzo la General Paz soy el presidente de Boca" comenta, divertido, acerca de su popularidad. Pero dejó de ser presidente de Boca hace casi tres años. Y una pregunta para hacerse es si el electorado considera que los atributos necesarios para dirigir un club son iguales a los que se reclaman a quien vaya a presidir el país.

Mientras riega cada fin de semana su semilla presidencial, Macri va afinando -más tarde de lo que hubiese sido razonable- su estrategia de defensa y contraataque. La identificación del juez Oyarbide con las intenciones del kirchnerismo es una jugada política. Otros movimientos apuntarán más directamente a la causa judicial.

Algo de esto ya destila el escrito de 40 carillas que Macri le presentó a Oyarbide el miércoles, en el comienzo de su extensa declaración.

Allí dijo, por ejemplo, que la contratación de Ciro James (el espía policial que realizaba escuchas privadas) como asesor del Ministerio de Educación porteño se hizo en marzo del año 2008 y que las escuchas a Néstor Leonardo, esposo de Sandra Macri y en conflicto con su familia, fueron efectuadas meses después, por lo que no puede considerarse la contratación de James como una contraprestación a esa escucha.

Dijo también que la escucha a Sergio Burstein, familiar de víctimas de la AMIA enemigo tenaz del detenido comisario Jorge Palacios, se realizó casi un mes después que Palacios renunciara a dirigir la Policía Metropolitana, en agosto de 2009. Macri sostuvo que la escucha a Burstein no puede basarse en su oposición a Palacios, como se alegó.

También sembró interrogantes por la supuesta llamada anónima que habría alertado a la familia de Burstein sobre las escuchas, que se habría hecho desde un locutorio sin que haya comprobante de tal llamada.

Asimismo, Macri señaló su extrañeza por una llamada de 3 minutos de duración entre Burstein y James.

Y porque, habiendo alrededor de 150 personas que hablaron reiteradamente con James antes que éste se comunicara seguido con el comisario Palacios (cuando intentó ingresar a la Policía Metropolitana), ninguna de ellas haya sido llamada a declarar. Como tampoco fue llamado nadie de la Policía Federal, donde James revistaba como integrante de la División Robos y Hurtos.

Otro dato le apunta directamente al juez, porque abre dudas sobre el camino que se siguió a partir de la denuncia sobre la escucha a Burstein, que desató el escándalo. Esa denuncia se hizo por teléfono y a una comisaría. La Policía actuó con gran celeridad, "algo difícil de encontrar en su proceder habitual" dice el escrito de Macri, y remitió el caso al juez que justo ese día, en ese momento, se encontraba de turno. ¿Quién era? El doctor Oyarbide.

Comentá la nota