Por Eduardo Blaustein. La oposición intenta reacomodarse: el PRO organiza una plegaria masiva, la UCR se debate entre recortarse de los sectores más conservadores o sumarse a la furia anti-K y el nombre de José Manuel de la Sota sigue en ascenso. Los elogios del líder de Techint y los pliegues del doble discurso.
Lo mismo sucedió con la enésima iniciativa en la que el Gobierno dejó a la oposición en estado de inconsistencia. En las comisiones del Senado sigue la discusión sobre el proyecto del voto optativo a partir de los 16 años. Después de una primera reacción malhumorada (aunque la primera respuesta del PRO fue más cautelosa y positiva), buena parte del radicalismo y del FAP intentan definir su posición final. En el caso de la UCR, sectores de su juventud reaccionaron contra las primeras declaraciones de referentes contrarios al proyecto oficial. Todavía no se sabe cuál será la postura de los radicales, que intentan liderar una iniciativa multipartidaria contra un eventual proyecto de reforma constitucional con re-re. Como la oposición contiene espacios que compiten entre ellos, habrá que ver si los otros sectores están dispuestos a ir detrás de esa iniciativa. A sus propios problemas de liderazgo y de construcción de perfil identitario, los radicales suman un problema del que no son tan responsables: los medios dominantes, que desde siempre sospechan del radicalismo, prefieren una oposición por derecha más nítida y radicalizada: el PRO y si es posible o necesario el PRO con sectores del peronismo conservador. Es un desafío complicadísimo para el viejo partido de Alem e Yrigoyen: si la conducta de los radicales no contiene la furia que le reclaman los sectores más antikirchneristas, los castigan o los invisibilizan. Y si los radicales -algunos de cuyos referentes prefieren aliarse con el PRO- eligen la oposición ciega se mimetizan y desdibujan, porque la derecha ideal a la que aspira cierta Argentina corporativa no son ellos.
La novedad en ascenso es José Manuel de la Sota. Instalándose como eventual candidato presidencial desde su pleito judicial con Nación por los fondos jubilatorios, su discurso es bastante más elaborado que el de Macri, aunque se apoye en los lugares comunes de la crítica al kirchnerismo (autoritarismo, imposición, funcionarios aterrorizados por la cúpula del poder). Habla con mucha más cancha que Macri, pero lo libretean con un discurso casi idéntico, incluyendo la defensa de un federalismo presuntamente amenazado.
Ciudad del amor
Por cuidadoso que se sea, es imposible no hacer una lectura política de la visita de Ravi Shankar. Está todo bien con nuestras necesidades espirituales y son absolutamente entendibles las transformaciones culturales que llevan a todo tipo de búsquedas y de mestizajes en nuestras creencias. Está todo buenísimo con el yoga. Pero la foto y el vasto operativo comunicacional del PRO (y de De la Sota) con el amigo Shankar no es ni cualquier foto ni cualquier operativo publicitario porque Shankar no es cualquier maestro ni cualquier gurú. En la India dicen que las nuevas formas de religiosidad son parte de una transformación cultural ligada al impacto de la globalización y al enriquecimiento de ese país, incluida la emergencia de nuevas clases medias y de clases altas más materialistas que espirituales. A Shankar y a otros gurúes se los compara con los pastores electrónicos estadounidenses vinculados al neoconservadurismo. Pero a Shankar en particular se lo relaciona con una antigua organización paramilitar, la Rashtriya Swayamsevak Sangh (RSS), creada en los años 30 del siglo pasado a imagen y semejanza de los fascismos europeos. La RSS y su brazo político, el Bharatiya Janata Party (BJP, Partido del Pueblo Indio), apuestan a la "pureza" de una vieja India, detestan a las (enormes) minorías de ese país, apuestan a la violencia. Algunos líderes del Partido del Congreso Nacional denunciaron que Shankar es una suerte de cara amable del BJP-RSS. Entre esas denuncias y el discurso espiritualista que recibieron miles de porteños media una contradicción importante. Eso, sin entrarle al asunto de si el mensaje de El Arte de Vivir no es más que una coartada para que los sectores pudientes sostengan su poder sin culpas. El mensaje tiene bastante de PRO. Cabe recordar cómo la UCEP desalojaba a palos a los sin techo o Macri sostenía que los cartoneros debían ir presos por "robarse" la basura.
Cartas que van y vienen
El sábado pasado, el industrial más importante de la Argentina, Paolo Rocca, de Techint, le envió una carta privada a la Presidenta negando que hubiera hecho las declaraciones hipercríticas que publicó el diario Clarín. Esa carta que el Gobierno astutamente hizo pública es un catálogo de halagos a los resultados de las políticas económicas del kirchnerismo. No es demasiado importante saber hasta dónde el diario que publicó las declaraciones presuntas y Paolo Rocca (ambos lideran la importante Asociación de Empresarios Argentinos, AEA) se pusieron de acuerdo o si de parte del líder de Techint hay un doble discurso: uno para "la opinión pública", el otro para endulzar oídos presidenciales. Lo importante es detenerse en lo que se discutió públicamente: el balance de lo hecho, los ruidos de la economía. Y quién debe pagar los costos: la rentabilidad empresarial o el bolsillo de los trabajadores. El kirchnerismo dice apostar a la defensa del empleo y de los salarios. Seguramente no lo hace con toda eficacia ni con la transparencia que se adjudica. Pero mucho más claro es cuál sería la apuesta de la derecha si ocupara el poder político, esa misma que a falta de mejores sinceridades se dedica a organizar plegarias de masas para respirar mejor.




Comentá la nota