El jefe de Gobierno volvió a responsabilizar al ex presidente por su procesamiento en el caso del espía. También acusó a Oyarbide de "estar al servicio del poder de turno". Con un acto en Lanús, intentó mostrar que sigue en carrera para 2011.
Macri defendió su inocencia durante un acto en Lanús y delante de buena parte de su gabinete y de varios diputados nacionales y legisladores porteños que cruzaron la Capital para brindar un mensaje de unidad. Lo hizo con frases acordadas con su equipo de asesores que buscaron ser, y en algún modo lo fueron, de alto impacto. Dijo sobre las escuchas al apuntarle a Kirchner: "El que pincha teléfonos es él, el que maneja la SIDE es él. Los que se enriquecen desde el Estado son ellos".
Los ataques, insistió, vienen de lejos. Habló de cuando lo cuestionaban por portación de apellido, de los "inventos" que circulaban en la última campaña y de la necesidad del oficialismo de sacar de la carrera a posibles contrincantes. Negó, por enésima vez, que desde su Gobierno se haya dado vía libre para "pinchar" teléfonos y reiteró su denuncia contra el ex presidente: "Esta causa es un ataque ridículo de Kirchner. Pero no tenemos miedo a las patotas ni a los aprietes. Es ridículo pensar que yo voy a armar una asociación ilícita para escuchar problemas sentimentales de otros. Poco creíble".
Macri se veía cansado, con pocas horas de sueño y más delgado que lo habitual. La tensión no es sólo suya: se palpa en todo el arco macrista. Sin embargo, la causa no le quitó el buen humor: cruzó chistes son sus funcionarios y, cuando en el final de su discurso le pidieron que cantara, bromeó que sólo lo hace para millones y no "para un grupo de chusmas". La primera noche como procesado, tampoco le habían quitado las ganas de ir al cine. El jefe de Gobierno fue a Patio Bullrich con su novia para ver Robin Hood en la función de trasnoche.
Ese es uno de los consejos que le dan en su equipo. Le piden que profundice el diálogo con la gente y que no abandone la estrategia de la victimización, que hasta ahora ¿aseguran¿ le ha dado buenos resultados. La última encuesta solicitada por el comando PRO reveló que ocho de cada diez porteños no cree en Norberto Oyarbide.
"Queremos jueces al servicio de todos y no del poder de turno", sostuvo en su discurso, ante una platea de 250 militantes. Y agregó: "Queremos una justicia independiente que meta presos a los delincuentes y a los que llegan al poder y roban la plata a la gente". El dardo pareció una alusión al sobreseimiento de Oyarbide al matrimonio Kirchner en la causa por enriquecimiento ilícito.
El acto estuvo organizado por su ministro de Hacienda, Néstor Grindetti, en la cancha de básquet de Lanús. A Macri le sirvió para volver a pisar terreno bonaerense y dar un paso más en el plan de recorrer de punta a punta el conurbano (otro pilar de la estrategia: seguir exhibiéndose como presidenciable) y le vino como anillo al dedo al anfitrión, que se ilusiona con pelear la intendencia en 2011. Los carteles en amarillo y negro que se veían en las calles así lo testimoniaban.
Enfrentados a muerte con la Rosada, en el macrismo vivían ayer con algarabía el apoyo de un sector de la oposición y sostenían, acaso con desmesura, que más temprano que tarde se dejará de hablar de la causa. Apelan al "efecto Bicentenario" y al "efecto mundial". No es todo: esta semana continuarán con la rueda de diálogo en el Congreso. Allí, los diputados de PRO le llevarán la causa a los principales referentes anti-K. Buscarán demostrarles que no hay pruebas contra su jefe.




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