El día en que Lula pensó en su vida futura y lloró

El día en que Lula pensó en su vida futura y lloró
Fue el último 1º de Mayo que le tocó a Lula da Silva festejar como presidente de Brasil. Y ya en su octavo año de gobierno no pudo contener las lágrimas cuando habló ante 10 mil gremialistas, muchos de ellos compañeros de la época en que era dirigente metalúrgico. El hombre más popular de la historia republicana brasileña, que se retira con el 80% de aprobación de los ciudadanos, no contuvo el sollozo y tuvo que usar el pañuelo para secar sus ojos.
Electo hace unos días como uno de los líderes más influyentes del mundo, Lula dijo que su mayor orgullo es saber que podrá caminar por su barrio de la periferia paulista San Bernardo del Campo sin tener que esconderse de vecinos y camaradas. "Voy a vivir en el mismo departamento", comunicó. Es el mismo que ocupó hasta asumir la presidencia brasileña el 1º de enero de 2003. "Voy a estar cerca del sindicato que me proyectó a la política y de las empresas donde hice las huelgas más maravillosas de este país". Y lo que más le emocionó, dijo, es poder saludar con un "buen día, compañero; porque fui leal".

En sus confesiones del 1º de mayo frente a los dirigentes de las dos grandes centrales obreras -la CUT que ayudó a fundar y Fuerza Sindical-, Lula recordó: "Me faltan 8 meses para terminar y dudo que sean muchos los jefes de Estado capaces de venir a un acto sindical después de siete años de gobierno". Sobre el futuro político de Lula se ha especulado mucho. Se barajó que podría ocupar la secretaría general de la ONU. Pero Lula lo desechó: "Es un puesto para un burócrata. No para un político con ideas propias".

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