Pocas veces el presidente Lula da Silva usó la cadena nacional de radio y televisión para transmitir un mensaje. Ayer fue la última: a las 20 horas exactas dio un pronunciamiento de escasos minutos en los que definió el grado de libertad con que fue elegida Dilma Rousseff como próxima presidenta, donde no hubo límites para el debate y la explicitación de posiciones. Lula señaló que el domingo pasado “las urnas hablaron” y demandó a los aliados que dejen a su sucesora seleccionar sin condiciones quiénes la acompañarán en el gobierno .
Más temprano, Lula había hablado de las perspectivas en la graduación de los nuevos diplomáticos egresados del Instituto Rio Branco. A ellos les dijo que, a diferencia de épocas pasadas, hay un aumento de la demanda de alimentos en el mundo. Eso indica, juzgó, que “está por llegar el momento en que las commodities serán más valiosas” que las manufacturadas. En ese contexto, defendió la continuidad de la política que favorece el volumen de exportaciones primarias, como sostén casi exclusivo de la balanza comercial positiva de Brasil. En esa órbita insistió que “el mundo precisa comida y Brasil tiene la competencia para aumentar mucho su producción de alimentos”.


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