Lula y Cardoso, un duelo aparte en la campaña brasileña

Rivales durante 20 años, ambos pugnaron por impulsar a sus candidatos, Rousseff y Serra

BRASILIA. En el cierre de una campaña en la que parece todo dicho por la amplia diferencia que separa en los sondeos a la candidata oficialista y favorita Dilma Rousseff sobre el socialdemócrata José Serra para el ballottage de mañana, hubo por fin un giro emocionante: los dos principales adversarios políticos brasileños de los últimos 20 años, el presidente Luiz Inacio Lula da Silva y el ex mandatario Fernando Henrique Cardoso, volvieron al ruedo ayer, en un intento final de apuntalar a sus respectivos candidatos.

Cardoso, que presidió este país entre 1995 y 2003 y derrotó a Lula en dos elecciones presidenciales, encabezó ayer por la tarde una caminata por el centro de San Pablo a favor de Serra, con lo que interrumpió el perfil bajo que había tenido hasta entonces en la campaña de los "tucanos", como aquí se conoce a los opositores.

Horas más tarde, Lula, ya de vuelta del viaje que realizó a Buenos Aires para despedir los restos del ex presidente argentino Néstor Kirchner, encabezó una caminata pro-Dilma en la playa Osvaldo Cruz, de la ciudad nordestina de Recife.

Pese a estos actos coincidentes, y a que ambos han sido rivales enconados durante buena parte de sus respectivas carreras políticas, la actualidad los encuentra en situaciones bien contrastantes.

A diferencia de su viejo adversario, Lula, el presidente brasileño más popular de la historia con un respaldo de hasta un 85% de la población, convierte en oro todo lo que toca. De hecho, al principio de la campaña, la poco carismática Dilma no levantaba en las encuestas. Finalmente, gracias a la omnipresencia del mandatario en sus actividades proselitistas, logró imponerse claramente en la primera vuelta del 3 de octubre, con casi un 47% de los votos, 14 puntos más que Serra, y es clara favorita para el ballottage de mañana.

En cambio, Cardoso, al que se le ha reconocido un éxito fundamental para este país al estabilizar la economía y contener la inflación desbocada con su Plan Real en los 90, ha sido satanizado por los partidarios del PT, que lo acusan de haber dejado "una herencia maldita" tras su gobierno.

Hoy en día circulan por Internet infinidad de videos oficialistas que comparan ambos gobiernos y destacan, por ejemplo, lo que ocurrió con el salario mínimo en cada mandato. "Al final del gobierno de FHC [como se conoce popularmente al antecesor de Lula] era de 64 dólares. Hoy es de 300 dólares", dice uno de ellos, que vincula esta situación con el verdadero boom de consumo que hoy en día se vive en Brasil.

Incluso, Dilma no ha dudado en acusar últimamente al antecesor de Lula de haber trabado la creación de centenares de escuelas técnicas durante su gobierno.

Tal ha sido el éxito que ha tenido esta estrategia que Serra le pidió expresamente a Cardoso, nada menos que el presidente honorario de su organización política, el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), que no exhibiera un perfil muy alto en estos días, en un intento de evitar que quede en el electorado la impresión de que él sostiene su candidatura.

La decisión, que indignó a algunos partidarios del PSDB, se produjo a pesar de que el propio Serra, que fue gobernador del estado de San Pablo hasta marzo pasado, consiguió buena parte de su popularidad al implantar los medicamentos genéricos en este país, cuando fue ministro de Salud de FHC entre 1998 y 2002.

Pese a todo, Cardoso respiró hondo ayer y volvió a la luz pública al encabezar la caminata a favor de Serra. Sin embargo, tampoco las tuvo todas consigo: la abandonó en la mitad del recorrido luego de perder una suela de su zapato. "Es bueno gastar suelas de zapato en la campaña, ¿no?", bromeó, antes de dejar el acto político.

"Todo lo que él [Serra] me pidió lo hice", declaró, cuando fue consultado sobre las altas y bajas de su intervención en la campaña opositora. Respecto de las posibilidades del PSDB frente al gran favoritismo oficialista, estimó que la tendencia puede revertirse con un triunfo tucano en San Pablo y en Minas Gerais, estados con los colegios electorales más grandes del país.

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