Luego de las primarias, cayó la demanda de encuestas nacionales

La encuesta ómnibus consta de un cuestionario cerrado, multitemático, compuesto por varios módulos que recogen información de una misma muestra sobre diferentes temas. Está pensada para muchos clientes: los interesados las compran con gusto porque se benefician con un generoso ahorro de costos, ya que son compartidos por todos los suscriptores.

Es un tipo de medición que en época de campaña causa furor. Las cuentas bancarias de los encuestadores más encumbrados hablan por sí solas cada cuatro años, en la previa de la presidencial. Pues bien, mejor que ninguno de ellos haya gastado a cuenta en 2011.

“Las primarias nos mataron. Ya no hay incertidumbre y cuando no hay incertidumbre la tensión del político desaparece. La expectativa por las encuestas cae como por un tobogán y nuestras tarifas también”, reconoce uno de los sociólogos más buscados, que ha tenido cintura para facturar tanto al oficialismo como a la oposición.

En rigor, como en cualquier negocio, los que peor la pasan son las empresas chicas o las que se mueven al ritmo de lo estrictamente electoral. “Hay consultoras de batalla que nacen para las campañas, producto de la escisión de las grandes y que pueden llegar a quedar pedaleando en el aire de acá a octubre”, anticipa Enrique Zuleta Puceiro, quien asegura que su empresa no siente el bajón.

Lo mismo comenta Fabián Perechodnik, de Poliarquía: “No hay demanda de encuestas políticas”.

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