Reconocer los datos que nos entrega la realidad resulta a veces tan difícil que es preferible negarlo. En cualquier caso, la realidad, para bien o para mal, se impone a pesar de todo, incluso en Río Negro.
Los argentinos veníamos de un sangriento golpe de estado, de una democracia que habíamos construido temerosos, del menemismo, que habían ayudado a instalar todos los peronistas que luego, como Pedro, lo negaron, del fracaso de la Alianza, del 2001, del dificultoso ascenso de los infiernos, de la mano de Eduardo Duhalde.
El marido y antecesor de la presidente nos dio esperanza, y mucho se le disculpaba en el entendimiento de que era decisiones y estilo imprescindibles en el miserable escenario heredado.
Llegó ella y la verdad es que metió la pata. El estilo avasallador, un perfil de permanente imposición, de inmediato la enfrentaron con toda la sociedad.
Dos años después, la gente legitimó su malestar y a viva voz exigió consenso, debate, respeto, en definitiva, puntos sobresalientes que hacen a la calidad de cada una de las instituciones.
La Cámara Alta del Congreso Nacional resultó el fiel reflejo de la demanda de los ciudadanos. Basta de atropellos, basta de imposiciones por la fuerza, dijeron 37 senadores en representación de los ciudadanos.
Nadie espera que los 37 senadores sean una institución homogénea ni una fuerza monolítica, solo esperamos que hablen, que busquen consenso, que compongan acuerdos, que negocien con generosidad, que defiendan principios con firmeza pero sin fanatismos.
A contramano de todo, la dirigencia rionegrina nos somete a los ciudadanos a un desgaste inusual degradando la calidad de nuestras instituciones de modo escandaloso.
La Defensora del Pueblo, a poco de asumir pareció enamorarse de un perfil estilo Berta Singerman, la exquisita recitadora. En cada oportunidad, utilizó los escenarios que se le presentaban insuflándolos de un espíritu histriónico tal que podía hacer empalidecer al Conservatorio de Arte Dramático en pleno.
Podría ser apenas una cuestión de estilos. Y como gustos son gustos, porqué debía privarse la Defensora de semejante oportunidad. El tema no fue ese, el tema fue, desde un principio, legal. La Defensora acusó, basándose en rumores, lo que no solo es repudiable desde el punto de vista ético, sino que es un delito.
El oficialismo, dividido. Algunos incapaces de resistir controles, otros sin el hábito de someterse a revisaciones, y algunos más, que vieron en Piccinini, la oportuna espada que cortaría las cabezas que les obstaculizaban los intereses político partidarios, por cierto sumamente menores, de ciertos ¿dirigentes?
Así las cosas, en el oficialismo, encontraron que la solución al enorme problema que les presentaba Piccinini, problema que es básicamente político, era la denuncia penal y una sumatoria de pedidos de informes que, eventualmente, podrían lesionar seriamente al corazón del poder.
A partir de esto, en el mismo canal y a la misma hora, los ciudadanos rionegrinos podremos observar la exhibición de las peores miserias.
Que Piccinini se incrementó solita su sueldo, y que ahora es superior al de un legislador, denuncia su ex compañero de ruta Daniel Sartor, y ahora todos ardemos en deseos de saber con claridad de almacén, exactamente, cuánto embolsa mes a mes cada uno de nuestros parlamentarios. Cuánto de dieta, cuánto de gastos de representación, cuánto de pasajes, en fin, cuánto de todo.
En la misma línea, todos estaríamos encantados de conocer, con exactitud matemática cuando embolsan cada uno de los miembros de la Fiscalía de Investigaciones Administrativas, de la Fiscalía de Estado o del Tribunal de Cuentas. No solo vamos a querer enterarnos de cuánto figura en sus recibos sino además, de cualquier otro beneficio que pudieran obtener.
Cada uno de los más de 10 informes pedidos por el bloque de legisladores Alianza Concertación que se relacionan con la Defensora del Pueblo, desnudan muchísimo más que lo que podría afectar a la Defensora y sería de una estupidez mayúscula suponer que todo aquello que pudiera haber sido prolijamente ocultado, no tendrá ahora la inolvidable chance de salir a la luz.
En esta mezquina lucha fraticida, más propia de músicos de la banda Callejeros que de dirigentes políticos, los radicales, parecen dispuestos a entregar la hegemonía que mantuvieron desde el año 83. Sólo intranquiliza más, pensar que del otro lado del camino, la oferta esta también completamente alejada de los valores de consenso, racionalidad, reflexión y respeto que demandamos los ciudadanos.

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