Luces y Sombras De Una Semana Convulsa

"No vine para mantener el statu-quo", dice y repite el Gobernador, Martín Buzzi, a mediados de la semana.
En el final de esos siete días llenos de furias diversas, anuncia que irá por la provincialización de Manantiales Behr, yacimiento clave de la petrolera YPF y recupera el centro de la escena, que se le había escapado al compás de las revueltas en Trelew y los conatos de enfrentamiento abierto con los intendentes de Puerto Madryn, Ricardo Sastre; y de Trelew, Máximo Pérez Catán. En el medio, se le quedó atragantada la sentencia del juez Alejandro Defranco, liberando a los dos únicos detenidos por los incidentes en la Ciudad de Luis.

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Cuentan los que saben que Buzzi se aclaró a sí mismo más de una cuestión durante los durísimos días de la última semana de Abril. Aseguran que entendió que el kirchnerismo es una máquina implacable de pedir, pero incapaz de retribuir en la misma medida en que demanda. Por eso, se asegura, es que avanza sobre YPF entendiendo que hay un doble beneficio en esa estrategia.

Por un lado, le permite mantenerse como una referencia clave para el Gobierno Nacional en esa estrategia y continuar bajo el paraguas del kirchnerismo, que no atajará todas las lluvias pero al menos le garantiza que haya límites a las ofensivas en su contra.

Por el otro, la captura de un área petrolera de gran magnitud le abre la posibilidad de encontrar una poderosa fuente de ingresos para el Tesoro, en épocas de vacas que no parecen engordar demasiado.

Es que la posibilidad de explotar asociadamente yacimientos con gran volumen de producción, podría aumentar de manera exponencial los recursos propios del Estado Provincial, aún teniendo en cuenta que antes habrá que resolver cuestiones delicadísimas de orden legal e inclusive económico.

La decisión sobre Manantiales Behr le sumó un plus de beneficios al fin de semana del buzzismo, que un día antes había encaminado una política de acuerdos con dos de los jefes comunales que comandan ciudades estratégicas de la Provincia.

Buzzi operó personalmente para resolver esos conflictos, en buena medida generados por la incontinencia verbal de algunos de sus funcionarios que, con el ministro de Gobierno, Javier Touriñán, no paran de crearle escenarios difíciles.

"Vamos a trabajar juntos", prometió Sastre el viernes último, después de cerrar un diálogo a solas con el Gobernador, que tuvo que cargarse en el lomo un conflicto que amagaba desbordarse, al mismo tiempo que crecían las diferencias con la intendencia de Trelew.

Sin operadores de categoría, que reúnan al mismo tiempo el respeto de los jefes del PJ y la capacidad para actuar ante situaciones complejas, Buzzi va y viene en soledad, desvelado por "la dispersión" del peronismo.

"El único camino posible es la unidad" partidaria, afirma y cree el Gobernador. "Pero puede haber dos formas de unidad: una la de ´vamos todos con el Gobernador´y otra de ´vamos todos contra el Gobernador´", especulan los que creen que es necesario dar forma a un acuerdo, pero no antes de que se sinceren las posiciones.

El riesgo de no hacerlo, señalan esas voces, es repetir los congresos peronistas de los años Noventa, donde los dirigentes se reunían, hacían un acuerdo formal y a los pocos minutos llegaban los off-the-record de una nueva interna.

"Que digan todos donde quieren estar, adentro o afuera de las líneas que fija el Gobernador, pero que lo sinceren", dicen los que creen que la única unidad que valdrá es una que se asiente sobre bases firmes.

La atomización del PJ es una preocupación constante para el Gobernador y por eso juega fichas para participar como una figura protagónica en su reorganización, aunque eso le cueste caminar -y a veces patinar- en un terreno más que resbaladizo, donde todos o casi todos hacen cuentas propias, más de uno indiferente a las lecciones del pasado.

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