Después de una tormentosa temporada, el conjunto de Núñez tiene en sus manos el poder de ascender; para cumplir el sueño, debe superar a Almirante Brown; desde las 15, en el Monumental, por Canal 7.
Las presiones, el estrés que invade a todos en Núñez desde que Belgrano, de Córdoba, le asestó hace casi un año el golpe más duro en sus 111 años de vida, modificaron las costumbres en River, que hace una semana, en Santa Fe, desperdició una inmejorable ocasión para moldear el operativo retorno , al perder con Patronato. Para combatir la ansiedad, el plantel se recluyó en una isla del Delta -una movida parecida, aunque de menor duración, llevó adelante el grupo antes de medirse con Boca Unidos-; se entrenó en las instalaciones del club San Fernando -al que se trasladaba en lancha-; y hasta recurrió a un motivador , como si lograr el ascenso no fuera una razón suficiente para enseñarse con enjundia y arrollar al rival.
En días en los que las rarezas asomaron a cada hora, hasta se planteó dudas el técnico Almeyda, que cerró las prácticas a la prensa, con la posible ausencia del capitán Cavenaghi. No sucederá, resultó una falsa alarma que el goleador mire desde el banco de los suplentes el comienzo del trascendental encuentro con Almirante Brown. Junto con Chori Domínguez y Trezeguet serán los responsables futbolísticos para desequilibrar con juego y poder de fuego; los líderes espirituales que alimenten las esperanzas de millones. Vella por Aguirre y el venezolano César González por Ocampos serán los cambios, respecto de la última función. Movimientos que difícilmente mejoren y organicen su sistema defensivo, que repercutan en una mejor creación ofensiva. Seguramente, River será el equipo de siempre: que mata o muere en el juego futbolero. Así llegó hasta aquí.
Para agregarle condimentos a un partido que los tiene por sí mismo, desde la vereda de enfrente, el técnico Blas Giunta, identificado con el archirrival Boca, lanzó frases venenosas . Una singularidad que se suma al dramatismo que enfunda a un encuentro que contó con un triste capítulo en materia de seguridad. El Monumental no lucirá repleto, después de la clausura de la tribuna Sívori Alta -donde se ubica la barra brava-; una polémica decisión del Comité de Seguridad, que adoptó la medida de vedar ese sector del estadio, con capacidad para 8500 personas, como castigo a un acto vandálico que desencadenó la muerte de un hincha.
Dueño de su destino, como en toda la temporada, River tiene la obligación de no trastabillar en el último escalón para terminar con tanto sufrimiento.
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