San Lorenzo no supo definirlo y sigue en deuda

San Lorenzo no supo definirlo y sigue en deuda
Por Erico Vega - Santa Fe. Corresponsal

El equipo de Juan Pizzi lleva ocho partidos sin poder ganar de visitante, pero encontró un alivio con la posterior derrota de Quilmes: por ahora, quedó afuera de la zona de descenso.

La tabla del torneo Inicial va a expresar que los dos sumaron un punto. Pero la otra tabla, la de los riesgos, sigue escribiendo el futuro de estos dos equipos en números rojos. Unión y San Lorenzo se batieron a duelo. Y los dos salieron con los bolsillos agujereados. Es un punto escaso para los dos, aunque la posterior derrota de Quilmes ante Vélez le permitió a los de Juan Antonio Pizzi salir de la zona del descenso. Fue un tiempo para cada uno. Y una bronca bien grande para los dos. Para los locales, la bandera es salvar el año ganando el clásico. Un parche que no arregla el problema de fondo: el equipo está hundido.

Desde el arranque, Unión envalentonado por la cercanía del clásico, arrolló a San Lorenzo. Entró con una actitud renovada. La motivación, quizás, también surgió desde esa pelea palmo a palmo que mantienen los santafesinos con los ayer visitantes. San Lorenzo, en cambio, fue un equipo desabrido, no buscó por los costados, ni por el medio ¿Se puede jugar así? Difícil. Pero, igual, golpeó primero. Porque en este fútbol expres , no hay como tener un delantero en racha. Stracqualursi, con la pólvora encendida, entró al área, Montero se lo llevó por delante. Y penal. El ex Colón lo cambió por gol: 1-0.

De ahí en más, el partido fue dinámico, pero con escasa sintonía fina. Hubo una velocidad desprolija, que no es sinónimo de belleza. En ese vértigo, Unión creció gracias a la intrepidez de Franzoia, que agrietó el fondo rival desbordando a Kannemann. Y llegó al empate gracias a una minuciosa jugada colectiva, que culminó con un pase de Pérez a Franzoia, habilitado por un paso. El ex Huracán ejecutó un control orientado (a lo Saviola) y remató cruzado: 1-1. Ante este panorama, Unión raspó y raspó, arrinconó a San Lorenzo, que no hacía pie en la mitad con un Mercier impreciso. El peligro lo llevó cuando tuvo pelotas detenidas a favor. No jugó bien. Sólo sobró la emoción. Nada más.

El empate era trabajoso. Y cuando se apagaba el primer tiempo, Bianchi encendió la ilusión tatengue : entró por el segundo palo, sin marca alguna, y con un derechazo la mandó a guardar. Nobleza obliga: no había sido córner, porque el remate de Chiapello ni siquiera rozó en Alvarado. Poco le importó a Unión: ganó un primer tiempo después de 27 partidos. Insólito.

En el complemento, sin embargo, San Lorenzo emparejó las cosas y equilibró la pulseada. Fue todo de Kalinski, la gran figura del partido. Gestó, recuperó y se encargó de corregir todas las fallas de Mercier. Y encima Bordagaray, el resistido de siempre, en su regreso a la titularidad se mandó una de las suyas: hizo un gol bonito, de zurda, con clase. Creció el equipo de Pizzi, que tuvo la victoria en los pies de Bianchi (definió mal), en un remate de Ruiz (se fue alto) y en mano a mano que desperdició el recién ingresado Verón (achicó bien Perafán, otro punto alto).

Sobre el final, los dos se nublaron. Y Maidana vio la roja por un patadón sobre Tellechea. Ni eso le salió a Unión, que lleva 19 partidos sin ganar. Tampoco tiene para festejar San Lorenzo, que acumula 8 fechas sin gritar fuera de casa.

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