Es en protesta por el papel del Vaticano en el escándalo de pedofilia en Bélgica.
Ayer, hubo un encuentro con el portavoz vaticano, padre Federico Lombardi, de los enviados que cubrirán la visita del Papa a Edimburgo, Glasgow, Londres y Birmingham, entre ellos, Clarín .
Todavía no se sabía lo que estaba ocurriendo en Bruselas y el padre Lombardi se mostró tranquilo frente a las protestas anunciadas contra el pontífice. “No nos sorprende, siempre hubo este tipo de actos, también en otros viajes”.
Preguntado sobre la posibilidad de que el Papa se reuniera, como hizo en otros viajes –como en EE.UU., Australia y Malta–, con víctimas de los clérigos pederastas, el portavoz señaló: “No puedo descartarlo, pero tampoco confirmarlo ahora”.
A su vez, un vocero del episcopado británico dijo que el Papa “podría entrevistarse con diez personas, probablemente en Londres, ya que su agenda está muy cargada y le queda poco tiempo”. Las diez personas son todas británicas, aclaró Jack Valero, y su identidad será mantenida en el anonimato.
El Papa llegará a Escocia el jueves 16 y se verá con la reina Isabel II. La suya es una visita de Estado, lo que garantiza a Benedicto XVI una inmunidad blindada. Irá por la tarde a Glasgow a un encuentro multitudinario con los católicos escoceses. Esa noche viajará a Londres y se alojará en la nunciatura apostólica, como los días siguientes. El viernes y sábado mantendrá encuentros oficiales, pronunciará discursos y se reunirá con las autoridades anglicanas. El domingo 19 viajará a Birmingham para presidir la beatificación del cardenal inglés John Newman.
Se sabía que el viaje a las islas británicas representaba el más difícil y colorido del año. No de todo el pontificado, como afirmaron algunos medios de prensa, olvidando que fueron mucho más delicadas las giras a Turquía y Tierra Santa.
Pero el escándalo belga da una dimensión más dramática al viaje de Ratzinger . Ya es sabido que “la identidad británica se forjó en la lucha contra las potencias católicas” y en los cinco siglos transcurridos desde que en 1534 Enrique VIII separó con el acta de supremacía a su país de la Iglesia de Roma (después de que el pontífice le negó la anulación del matrimonio con Catalina de Aragón para poder casarse con Ana Bolena), la hostilidad y la desconfianza han predominado con la sede romana.
Ayer, el reverendo Ian Paisley, líder de los protestantes nordirlandeses, pidió que se cancele la visita. Y se espera que será mucho más multitudinaria la marcha contra la presencia de Benedicto XVI que organiza el militante de los derechos gay Peter Thachwell en Londres. Quince ómnibus del transporte público circulan por la capital con publicidad pintada en sus flancos contra la visita del Papa.
El 63% de los británicos se proclamó hasta hace tres días indiferente a la gira pontificia. Ahora hay más incertidumbre.


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