Por Juan Pablo VarskySe fueron los Juegos. Los de Usain Bolt, el rey entre los reyes. Vinimos a verlo ganar todo otra vez y lo hizo. Sin su mejor estado de forma, demostró que no es solamente talento natural. Cuando entra en acción, su irresistible carisma le abre paso a su formidable espíritu competitivo.
Los últimos Juegos de Michael Phelps, el último gran héroe. Lo vimos perder, como nunca antes. Su aceptación de la derrota provocó que lo amáramos. Y su recuperación, con esos cuatro títulos seguidos entre individuales y postas, lo puso en un lugar inigualable. Bolt y Phelps, como en Pekín 2008, marcaron el pulso. El éxito de unos Juegos Olímpicos puede medirse en muchos factores. Londres 2012 llena todos los formularios. La organización resultó impecable. No hubo escándalos ni grietas en la seguridad. Hubo muy buena concurrencia en todas las sedes. El público se involucró en la competencia. La delegación local compuso una excelente tarea con 29 doradas y el tercer lugar en la tabla de medallas.
También se rompieron relojes con exhibiciones para la posteridad. Más allá de Bolt, el atletismo tiene otros destacados. El keniata David Rudisha corrió la carrera perfecta en los 800m. En una prueba cada vez más cercana a la velocidad, bajó la barrera del minuto y 41 segundos por primera vez en la historia. El británico Mo Farah reunió los 5000 y los 10.000 metros. Hizo estallar el estadio dos veces y es otra gran figura de estos Juegos. La velocista estadounidense Allyson Félix se va de Londres con tres doradas en tres distancias distintas: la individual en 200m y las postas 4 x 100 y 4 x 400. El dominicano Félix Sánchez nos hizo llorar a todos con su victoria en los 400 con vallas a sus 34 años, ocho después de su oro en Atenas y a once de su primer Mundial en Edmonton 2001. El discóbolo Robert Harting se rompió la remera para celebrar su título. Luego saltó las vallas puestas para la final de mujeres. Terminó borracho y dormido en el subte porque había perdido su credencial. ¡Cómo no lo vamos a querer a este alemán! La rusa Lashmanova batió el récord de los 20 km marcha en un gran cierre para ese país con ocho doradas en los últimos cuatro días del atletismo. La natación asistió al retiro del majestuoso Phelps pero ya presentó sus caras nuevas: Agnel, Mouffat, Le Clos, Sun, Melyutite, Franklin y Ye. Sin los trajes de poliuretano, se bajaron ocho marcas mundiales.
LeBron James hizo el mismo doblete que Jordan hace 20 años: NBA y Juegos. Murray fue el Agassi del 92 en Wimbledon y ganó la dorada en el tenis. Serena Williams completó su "Olympic Slam" y también festejó con Venus. Brasil presentó Río 2016 pero sin "felicidade". México postergó su sueño futbolero otra vez y Rusia le ganó una increíble final de voleibol masculino levantando dos match points. China entre los varones y EE.UU. entre las mujeres dominaron la gimnasia artística. Gran Bretaña arrasó en el ciclismo de pista con siete títulos. A los 36 años, sir Chris Hoy, abanderado local en la ceremonia inaugural, llegó a seis doradas y es el máximo campeón olímpico del Reino Unido.
La Argentina tuvo una actuación normal, dentro de lo esperado, con cuatro medallas, dos menos que en Pekín. La ausencia del fútbol y el cuarto puesto del básquetbol hacen la diferencia. Sebastián Crismanich es el hombre, por supuesto. Tuvo el mejor rendimiento de su carrera en el día más importante de su vida. Pero se había preparado durante mucho tiempo para llegar en estas condiciones. Juan Martín del Potro compitió con el mismo espíritu que el campeón olímpico procedente del amateur taekwondo. Por experiencia personal y su nivel tenístico, este paso por Londres le ha cambiado la vida. Las Leonas y los Longevos cerraron ciclos gloriosos. Los dos seleccionados afrontarán procesos de transición con el posible costo del retroceso en el corto plazo. Era inevitable. El yachting cumplió con el puntual aporte de, por lo menos, una medalla con Calabrese-De la Fuente en la Clase 470. Cuando algo se repite con frecuencia, podemos hablar de cualquier cosa menos de azar. Germán Lauro terminó sexto en el lanzamiento de bala y mejoró tres veces en el mismo día su propio récord nacional. Es una actuación sobresaliente que contrasta con la frustración de Jenny Dahlgren en el martillo. Finalista en Daegu 2011, a Dahlgren le pasó exactamente al revés que a Crismanich. Sólo ella sabe cuánto influyó en su rendimiento toda la expectativa que habían generado sus muy buenos antecedentes. La misma pregunta cabe para Julio Alsogaray, quien no se clasificó para la Medal Race en la Clase Láser de Yachting.
Federico Molinari rompió el molde en las anillas. Nunca antes un gimnasta argentino había llegado tan lejos. Suárez y Rosso estuvieron muy cerca de la medalla en el doble par. Correa y Voisard metieron un bote argentino en una final de kayak por primera vez. Ninguno salió campeón ni se subió al podio. Pero merecen ser destacados. El resultado sin contexto nos nubla la mirada. No da lo mismo salir cuarto en una final que salir vigésimo entre 22. ¿Entonces vamos todos a Ezeiza a recibirlos como héroes? No, tampoco. El "no importa, bien igual" cuando el mismo deportista sabe que podría haberlo hecho mejor también distorsiona. El equipo de handball desperdició una gran oportunidad para llegar a cuartos en el duelo ante Túnez. Ellos saben que jugaron mal. Por lo tanto, no hace falta destacarles en la derrota un logro de hace más de un año. El triunfo ante Brasil en Guadalajara había sido valorado en su momento. La agresión duele, pero el elogio desmedido hace más daño que la crítica.
Una política de Estado en deportes de alto rendimiento consiste exactamente en darles a los atletas los recursos y las herramientas para que en el momento de la competencia todo dependa de ellos (y de los rivales, por supuesto). Quitarle al deportista el argumento de la mala preparación o la falta de roce internacional. Sólo así la evaluación podrá incluir el tantas veces reclamado sistema de premios y castigos. Promulgada el 2 de diciembre de 2009, la ley 26.573 dio lugar a la creación del Enard, Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo, financiado con un impuesto del 1% a las facturas de los teléfonos celulares. Tiene dos años y medio de vigencia. Muy poco tiempo para pedir campeones. Suficiente para corregir errores de ejecución.
La natación argentina no tiene relevancia internacional. La aislada medalla de Georgina Bardach en 2004 no fue capitalizada. Cecilia Biagioli, esperanza en la maratón de 10 K, no estuvo a la altura de sus posibilidades. Es evidente que en este deporte, clave en los olímpicos, debe trabajarse en la detección y formación de talentos. Contratar expertos de otros países. El caso de Juan Martín Pereyra ayuda a entender la situación actual. Tiene 32 años. Éstos fueron sus terceros Juegos. Nunca estuvo cerca del alto nivel. Este año terminó último en sus dos carreras de 400m y 1500 m libres. El problema no es el deportista, quien seguramente se ha roto el alma en los entrenamientos. Es la decisión política de permitirle integrar la delegación. Para cumplir con el único objetivo de bajar una marca o tener roce internacional hay otros torneos, nacionales y regionales. Entonces, ¿sólo deben despegar de Ezeiza los aspirantes a medallas? Tampoco, amigos. Hay matices, claro. Pero no es lo mismo participar que competir de verdad. Se fueron los Juegos. Chau, hasta Río 2016. Gracias Bolt. Gracias Phelps. En ellos, mi tributo a todos los atletas. En Londres fui feliz.


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