Logros y asignaturas pendientes del ciclo kirchnerista

Por Fernando Laborda

Un resultado electoral tan contundente da cuenta de que la mayor parte de la ciudadanía no está por el momento dispuesta a ponerle fin al ciclo kirchnerista.

Ya sea porque en líneas generales está conforme con este gobierno, porque desconfía de los líderes de las fuerzas políticas que aspiraban a sucederlo, o por ambos motivos a la vez.

Mucho pudo haber influido en la abultada ventaja para la Presidenta la eficaz política comunicacional del kirchnerismo. Esa que, bajo el lema "Nunca menos", pareció indicarle a la sociedad, y de manera especial a los sectores más humildes de la población, que de este gobierno no debían esperar otra cosa que constantes progresos y la máxima decisión para enfrentar a los grupos económicos poderosos o "concentrados", como la gusta afirmar a la jefa del Estado.

También pudo haber tenido efecto la especial habilidad de los funcionarios kirchneristas para atribuir a otros las debilidades o los aspectos más flojos de su administración. Así, por ejemplo, según el diagnóstico oficial, las razones de la inflación se vinculan con la presencia de sectores monopólicos u oligopólicos, y con comportamientos de empresarios angurrientos por quedarse con todo. Y la fuga de capitales, según el discurso gubernamental, es obra de sectores antipopulares o incluso "destituyentes" cuyos intereses son distintos a los de la Nación, y no de la creciente falta de confianza de los inversores en el modelo económico.

A nadie en el Gobierno se le ocurriría decir que la inflación es producto de razones monetarias, que guardan relación con el uso cada vez más extendido de recursos del Banco Central para financiar gasto público o por el aumento de la emisión. Tampoco nadie en el kirchnerismo diría que, en el crecimiento de la inflación, mucho tiene que ver el fuerte fomento del consumo de determinados bienes, sin un correlato en el incremento de la oferta de esos mismos bienes, fundamentalmente por falta de reglas claras, inseguridad jurídica, desaliento a la inversión y trabas al comercio exterior.

Razones del triunfo

Pero por encima de los efectos de la propaganda oficial, basada en recursos casi inagotables e ilimitados, no pueden dejar de reconocerse logros concretos que los votantes de Cristina Fernández de Kirchner valoraron a la hora de acudir a las urnas. Entre ellos, pueden enumerarse lo siguientes:

- El crecimiento económico del período 2003-2011.

- La importante contracción de la tasa del desempleo, que actualmente es una de las más bajas desde la reapertura democrática de 1983, se crea o no en el índice del Indec, que la ubica en el 7,3 por ciento.

- Las mejoras salariales en la mayoría de las actividades, que en determinados gremios han superado incluso las proyecciones inflacionarias en los dos últimos años.

- El auge del crédito para el consumo, especialmente de electrodomésticos.

- La duplicación de los beneficios jubilatorios, que llegaron en la era kirchnerista a los 6 millones de personas, merced a planes de moratorias muy ventajosos para personas que prácticamente no habían hecho aportes a lo largo de su vida. Claro que estas nuevas prestaciones fueron financiadas por otros jubilados que ganaban más y que hoy están casi en la base de la pirámide junto a quienes probablemente nunca hicieron aportes. El porcentaje de quienes perciben la jubilación mínima pasó de alrededor del 50 por ciento a casi el 75 por ciento. Hubo perdedores, pero la ley de los grandes números favoreció al oficialismo.

- El discurso reivindicativo al cual recurrió el kirchnerismo frente a las grandes corporaciones empresariales y a organismos internacionales mal vistos como el FMI, que sedujo a una parte de la población y ayudó a captar al público joven.

- La extensión de los planes sociales y la creación de la Asignación Universal por Hijo, si bien ésta fue una propuesta original de la Coalición Cívica liderada por Elisa Carrió.

Desafíos y cuestiones pendientes

Junto a esos logros, conviven grandes asignaturas pendientes y crecientes desafíos, entre los cuales pueden mencionarse éstos:

- La inseguridad, un problema que constituye la principal preocupación ciudadana, de acuerdo con distintos sondeos de opinión pública, y al cual el kirchnerismo no ha podido o no ha querido buscar una salida por el lado de una política de Estado basada en un amplio consenso político.

- El auge de la cultura del piquete, que se ha traducido en innumerables cortes de rutas y de calles que afectaron el desenvolvimiento normal de la sociedad, ante lo cual el Gobierno optó por "dejar hacer" con la excusa de que "la protesta social no puede ser criminalizada".

- El proceso inflacionario, al cual el gobierno se ha empeñado en negar o disimular a través del falseamiento estadístico del Indec.

- La crisis de un modelo económico que durante los primeros años se sostuvo en tres pilares que hoy aparecen amenazados: el tipo de cambio alto, una inflación baja y superávit fiscal y comercial.

- La existencia de un atraso en las tarifas de servicios públicos que difícilmente pueda seguir cubriéndose con un festival de subsidios que pone cada vez más en peligro el equilibrio de las cuentas públicas.

- El déficit energético, que nos obliga a crecientes importaciones de gas y combustibles.

- La fuerte fuga de capitales, proyectada en 22.000 millones de dólares para este año, que reflejan la desconfianza interna y externa en la Argentina, y la caída de nuestro país en el ranking de inversión extranjera directa en América latina.

- La enorme deuda con jubilados que han obtenido sentencias judiciales que obligan al Estado a actualizar sus haberes, y el desconocimiento por parte del gobierno de Cristina Kirchner de los fallos que exigen el pago del 82 por ciento móvil.

- La ausencia de crédito para financiar la adquisición de viviendas para los sectores medios y bajos de la sociedad.

- Finalmente, los elevados niveles de corrupción que son percibidos por la opinión pública; la virtual inexistencia de organismos de control independientes y la propensión del oficialismo a contrariar el principio de división de poderes y a burlarse de las decisiones del Poder Legislativo y de la Justicia. Algo que podría sintetizarse en la falta de calidad institucional, un problema que, al parecer, la mayoría de los votantes no asoció con sus bolsillos..

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