El coronel Donato se sumó a los militares liberados anteayer; su cautiverio duró 12 años
La Operación Camaleón, como fue bautizada, se convirtió así en la más exitosa desde la realizada en julio de 2008, en la que fue liberada la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt junto con otros 13 rehenes, y le propinó un duro golpe político y militar a la guerrilla.
"Ojalá las FARC logren entender que buscar una salida no se hace con bombas ni masacrando", afirmó el coronel William Donato, en sus primeras declaraciones públicas, tras 12 años en cautiverio.
Donato, de 41 años, fue encontrado en un paraje en Calamar, en el departamento de Guaviare y a unos 330 kilómetros al sudeste de Bogotá, en la misma zona donde anteayer fueron rescatados sus compañeros de cautiverio: el general Luis Mendieta, el coronel Enrique Murillo, ambos de la policía, y el sargento del ejército Arbey Delgado.
Los cuatro rescatados fueron trasladados ayer desde una base castrense en Guaviare al aeropuerto militar de Bogotá, donde fueron recibidos como héroes por funcionarios, militares, otros ex rehenes y familiares.
"Hoy [por ayer] es un día glorioso para la patria. Han llegado aquí con las cadenas de la tortura, pero con el corazón lleno de libertad", declaró el ministro de Defensa, Gabriel Silva, en alusión a las cadenas de más de tres metros que aún llevaban puestas tres de los ex rehenes.
Con signos de fatiga en el rostro y disminuidos físicamente por las condiciones de cautiverio, los rehenes liberados dieron detalles de su rescate y agradecieron al presidente Alvaro Uribe por el "impecable", "transparente" y "limpio" rescate.
Según contó Mendieta, de 53 años, estaba junto a sus otros compañeros secuestrados y ocho guerrilleros, cuando de pronto oyó disparos. "Nos tiramos al piso, pero como los disparos no cesaban, salimos corriendo hacia diferentes sitios´´, aseguró Mendieta.
Mientras el general narraba los padecimientos del cautiverio y las peripecias del rescate, su esposa, María Teresa Paredes, lo tomaba de la mano y lo seguía con lágrimas en los ojos. "Mi alma ahora está completa; mi corazón, renovado. Volví a nacer y ahora dedicaré mi existencia a recuperar el tiempo perdido y a estar junto a mi marido", dijo Paredes.
Murillo, por su parte, recordó que salió corriendo y se tiró en un pequeño río, del que apenas salía para respirar. "Respiraba lo más que podía y aguantaba dentro del agua, hasta que en un momento, vi que unos señores saltaban [al agua] y me observaban. Al ver sus cascos y el uniforme característico del ejército, levanté mi cadena y les dije que era uno de los secuestrados", contó.
Donato, en tanto, relató que, tras huir corriendo del campamento, se escondió en un hueco que cavó con sus manos y no se animó a salir hasta asegurarse de que no hubiera guerrilleros. Sólo entonces, decidió buscar a los soldados, que lo encontraron en la madrugada de ayer.
Tras la liberación de estos cuatro rehenes, aún quedan en poder de las FARC otros 18 uniformados considerados "canjeables" por la guerrilla.

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