En la zona, los vecinos todavía tienen miedo de que se repita el desborde del río que tapó de barro sus casas. Familias afectadas por la inundación de enero de 2011 aún tratan de recuperarse después de haber perdido todo.
Las corridas, los gritos, la oscuridad, el agua llevándose todo por delante y la impotencia. A un año del desborde del río Arenales que inundó los barrios Ceferino, 13 de Abril y Villa Angelita, los recuerdos de lo que fue una tragedia para muchas familias parecen de hace pocos días. En esta parte de la ciudad, son muchos los que todavía no pudieron recuperarse después de la crecida del 31 de enero de 2011.
“Recién ahora, y con ayuda de parientes, estamos levantando la pared del frente de la casa que se nos cayó. Tuvimos que cambiar de escuela a los chicos y mudarnos a lo de mi mamá”. El relato de Nancy Zacarías es el de muchos que tuvieron que rearmar sus vidas.
La mujer contó a El Tribuno que obtuvo mil pesos de la Municipalidad de Salta para afrontar las pérdidas, como el resto de los damnificados, pero que no le alcanzaron para los arreglos. “Sabemos que otros recibieron, además del dinero, heladeras. También que levantaron algunas piezas, pero a nosotros no nos tocó”, lamentó la vecina, que en estos días trabajaba con su esposo en la reconstrucción de su vivienda de la calle Córdoba al 2.000
Ceferino, 13 de Abril y Villa Angelita son barrios con gran parte de la población bajo la línea de la pobreza. El olor a humedad persiste en muchas habitaciones. En algunas paredes todavía se puede ver una marca que recuerda que el agua llegó al metro de altura.
“Los chicos viven con miedo y lloran cada vez que llueve fuerte. Fue desesperante lo que pasó y lo peor es que todos creemos que puede volver a pasar”, contó a El Tribuno una madre que vive a unas dos cuadras del río y prefirió no dar su nombre.
Las familias dicen que no les informaron hasta ahora qué tareas se hicieron para prevenir una nueva inundación y que, con las lluvias de las últimas semanas, ya se volvió a ver agua corriendo por las calles.
En Córdoba al 2.093, también trata de recomponerse Néstor Ríos, que vive con su hija y siete nietos. El hombre señala que funcionarios de la Municipalidad le entregaron una heladera, colchones, frazadas, camas y zapatillas. Aún así, el golpe fue duro porque el hogar se mantiene sólo con la Asignación por Hijo.
“El barro tapó todo lo que teníamos. Es muy difícil seguir. Yo estoy sin empleo. Voy al mercado a buscar verduras que regalan porque ya no se pueden vender y las traigo para cocinar”, sostuvo Ríos, que va a cumplir 70 años en julio.
A unas tres cuadras del Arenales, Mario Daza fue uno de los pocos que pudo evitar que el agua entrara en su vivienda tapando la puerta de entrada con los materiales que tenía a mano. “Creo que se repartió bastante ayuda para los que sufrieron pérdidas pero no sabría si se hizo lo necesario para que no vuelva a ocurrir lo mismo”, señaló.
La semana pasada, ante el cercano aniversario del desborde, la Municipalidad de Salta ofreció capacitaciones en la zona sobre “cómo actuar ante emergencias”. “No se sabe qué hicieron para que no haya otra inundación pero vinieron a decirnos cómo correr más rápido para salvarnos”, ironizó una vecina.
En Ceferino se hablaba de la posibilidad de salir a las calles del barrio mañana para recordar lo que pasó hace un año y pedir prevención.
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