SÁENZ PEÑA (Agencia) - Productores con un rostro diferente que de la semana pasada y un paisaje que contrasta con lo que sucedía solo días atrás, a partir de la caída de entre 80 y 100 milímetros en la mayoría de las zonas productivas primarias del Chaco.
La tan necesaria lluvia finalmente fue generalizada en todo el interior provincial, registrándose mediciones extraordinarias para el mes de agosto como sucedió en El Tacuruzal -en el centro de la provincia-, donde el pluviómetro marcó cien milímetros, mientras que otras colonias agrícolas de la zona registraban no menos de sesenta milímetros aunque, tal como lo indicó NORTE en su edición de ayer, con serios daños por el fuerte viento. La primera quincena de agosto había ilusionado a los productores al promediar la semana que finalizó con la ocurrencia de chaparrones que, en el área del domo central agrícola, midieron entre cinco y veinte milímetros. No estaba en los pronósticos que la noche del inicio del fin de semana ultimo llegara con una tormenta de agua que persistió durante el sábado y que siguió sumando milímetros durante todo el último día de la semana, estimándose que las condiciones persistirán hasta el lunes. Sembrar y salvar animales Los departamentos agrícolas del centro de la provincia tiene por estas horas a los productores, de mediana y pequeña escala en su mayoría, mirando al cielo e implorando para que las lluvias que cerraron la primera quincena de agosto “no se corten” y aporten la tan necesaria humedad a los suelos cultivables y el agua para salvar a los animales que están sobreviviendo a la sequía. “Los chaparrones se hicieron sentir”, señala esperanzado, Carlos Tissiotti, presidente de la Cooperativa Unión y Trabajo de Quitilipi e integrante del directorio de Ucal. El tradicional mediano agricultor del centro de la provincia, destaca que “a los productores que estuvimos soportando otra terrible seca, más allá de que a corto plazo no se podrán resolver las deudas económicas que dejó la campaña, nos cambia el ánimo cuando cae una lluvia y el trabajo se realiza con más optimismo”. “Hasta los aguaceros del miércoles pasado nos veíamos más que complicados y, si bien las dificultades continúan, ahora al menos comenzamos a movernos para organizar el trabajo en las tierras cultivables”, resumió. Los aguaceros, que parecieran querer romper la maldición de las interminables semanas de sequía, van apuntando a recuperar el perfil de humedad perdido en todo este tiempo y ponen marcado optimismo al productor que podrá sembrar. “Hasta ahora en los campos del departamento Quitilipi no había nada, no hay una chacra sembrada y con estas lluvias, el productor saldrá a buscar los insumos que necesita para sembrar algo de girasol o prepararse para el algodón u otro cultivo”, dice Tissiotti. “Entre el setenta y el ochenta por ciento de los campesinos del área de Quitilipi siembra algodón porque las tierras del departamento no reúnen las mejores condiciones para hacer granos, pero algunos de esos productores está cambiando la agricultura por la ganadería aunque ese cambio significa salvar muchas dificultades”, destacó el dirigente cooperativista que siembra exclusivamente algodón y tiene unos pocos animales vacunos. Abundante y general En lo referido a la lluvia, el agua caída marca un agosto extraordinario ya que los registros sobrepasan ampliamente la media del mes que, según las anotaciones que llevan los mismos agricultores, no es de más de veinte milímetros. Los pronósticos advertían la probabilidad de lluvias pero no con tan buenas mediciones, quedando claro que “lo único seguro del clima es su variabilidad”. En la ciudad de Sáenz Peña los registros, dependiendo de la ubicación del barrio, fueron de entre los setenta y noventa milímetros, mientras que en la vecina colonia de El Tacuruzal el dato llega a los cien milímetros. Hacia el este, en Quitilipi el pluviómetro midió 70 milímetros y en Machagai, 75. Hacia el cardinal oeste, en Napenay el registro fue de 83 y en Avia Terai, 70, mientras que en Pampa del Infierno la lluvia alcanzó los ochenta y cinco milímetros con los inconvenientes antes mencionados provocados por la tormenta de viento y agua. Por la ruta 95 hacia el norte, en Tres Isletas el dato fue de 65 milímetros disminuyendo en el ingreso al departamento Güemes, donde el registro de lluvia en Juan José Castelli fue de 60 milímetros y en el área del Malá -el reservorio de agua para la ciudad- la lluvia apenas alcanzó los treinta y dos milímetros. Tomando la misma carretera nacional, pero hacia el cardinal sur, en La Tigra la medición llegó a los 110 milímetros en el pueblo. En La Clotilde el pluviómetro de la comisaría local indicó que la lluvia, hasta la mañana de ayer, fue de 98 “con fuerte viento pero que, por suerte, solamente provocó la rotura de las ramas de algunos árboles”.
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