Parecía que la noche del sábado traía agua. Pero, una vez más, no llegó. El campo desfallece y las economías sentirán el impacto. Pese a que algunos funcionarios hablan de desdramatizar...¿habrán sacado cuentas?.
Con todo el dolor del alma- para los productores claro, que sufren más la sequía-, el "viento dio vuelta" al sur, refrescó y la lluvia, una vez más, pasó de largo dejando inservibles 2,4 milímetros o - dicho campero- "miadita de gato".
Lo peor es que en la mañana del domingo volvió a empezar a apretar el calor y los maices y las sojas desfallecen con consecuancias imprevisibles- o, mejor dicho, previsibles- para chacareros, comercios e industrias que viven buena parte de sus economías dependiendo de aquellos-, y de un país que, como dijera un conocido dirigente ruralista, se pregunta...¿sin suerte y sin soja", que hacemos.
La esperanza es lo último que se pierde creemos haber escuchado alguna vez.
Esperams que alguna vez se haga realidad y, -aunque ya tardíamente, lo sabemos-, llegue el agua desde el cielo para aliviar la situación.
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