La emoción se hizo presente en la pista central el jueves, cuando las dos vaquillonas de la Cabaña Don José se quedaron con los premios mayores. Maximiliano Mammoliti, uno de los integrantes de la familia de cabañeros proveniente de La Dulce, estalló en abrazos y lágrimas.
Al día siguiente, también en el centro de la pista central, Maximiliano tuvo la oportunidad de dialogar un instante con el Jurado brasileño que le otorgó la distinción. Fuimos testigos de ese breve intercambio de palabras a través del cual Mammoliti le refirió a su interlocutor que él había sido artífice del día más feliz de su vida y de toda su familia.
Ya distendidos, el sábado en nuestro stand, le recordamos a Maximiliano esos momentos.
"Lo que ocurre es que ésta es una pasión familiar que viene desde hace muchos años atrás. Nuestro trabajo lo hacemos en una forma muy amateur, casi sin asesores, con el mismo personal que se inició con nosotros. Alguna vez nos dijeron que necesitábamos dar el paso hacia el asesoramiento y yo me dije que si aceptaba eso, resignaba lo que a mi me apasiona. Quiero decir, si tengo que dejar en manos de otros lo que a mi me gusta hacer, ¿para qué lo hago?"
De manera que tu trabajo se basa mucho en ensayo y error…
"Yo soy un apasionado de la genética. Investigo, leo, estudio mucho y también ensayamos y nos equivocamos. El problema es que cuando uno se equivoca recién se da cuenta a los tres años, porque uno elige el toro, el vientre, viene la preñez, la parición y otros dos años más para ver el producto terminado. Pero bueno, de todo y de todos se aprende. Sobre todo de aquellos que te hablan de buena fe."
De modo que estos premios a tu cabaña le significan un salto de calidad…
"Es un reconocimiento, posiblemente a partir de aquí haya gente que nos comience a reconocer un poco más".
Raúl Alfonsín, el bolivarense que trabaja para la empresa Juan Debernadis y que asesora en este tipo de temas a muchas cabañas, intervino en la charla para manifestar que la vaquillona gran campeona es hija de Bismark, un toro estadounidense al que Maximiliano Mammoliti vio en un viaje y al que, inmediatamente, quiso para su establecimiento.
"Fui dos veces a Estados Unidos. En realidad siempre tenía la ilusión de ir a ver, a investigar; pero siempre los viajes se posponían porque siempre hay que atender primero lo urgente. Pero tengo un gran apoyo de mi familia, quienes siempre me impulsaron a hacer el viaje y por eso fui. Estando en Estados Unidos vi a Bismark y me dije "yo a este toro lo quiero", porque suponía que con las vacas que tenemos el choque iba a ser muy bueno. Santiago Debernardis habló con el centro de allá y lo trajo con un año de exclusividad para mí. Después de tres años de eso, con la primera camada de hembras obtenida, sacar la gran campeona no tiene precio".
¿Te vas muy contento de Bolívar, entonces?
"Hoy lo hablábamos entre nosotros: hace años que yo no veo el grado de cordialidad que se vio en una exposición como esta. No se vio gente protestando por la fila, la tribuna aplaudió a todos, no se escuchó ninguna disconformidad. A la noche lo mismo, fueron todos a cenar. La verdad es que en Bolívar se creó un clima estupendo".
Hubo conformidad también con la labor del Jurado…
"Si, absolutamente. Yo no escuché ninguna queja, porque se le reconoció al hombre que, desde las terneras hasta los toros, buscó un criterio uniforme, donde está en juego su subjetividad, por supuesto, pero con un criterio de mucha coherencia. Vino a jurar y eligió como si fuese a comprar vacas para él. Los cabañeros tenemos que entender que en las exposiciones se pone en juego el trabajo de todo un año, pero se define en un solo día y por la decisión de una sola persona. Y aquí entra entran en juego también otros factores, incluyendo el azar. Por ejemplo, si esta exposición no se postergaba por el tema del paro, posiblemente mis vaquillonas no llegaban en el estado ideal y quizás no hubiesen resultado elegidas. Sobre todo esto influye en este tipo de exposiciones que son prácticamente una Palermo donde la calidad está fuera de discusión y lo que definen son detalles".
¿Cuál es tu búsqueda como cabañero Angus, qué animal estás buscando?
"Nosotros somos criadores de ciclo completo. O sea que hacemos cría, invernada y engordamos. Pero a mi me gusta mucho la genética (en una época hasta criaba perros Rotwiller) y en un momento tuvimos vacas que ameritaban hacernos nuestros toros. De manera que así empezamos y, de caradura, como a mí me gustan las exposiciones, los animales que fueron saliendo comenzamos a exponerlos, porque es una manera de compararse con otros y ver en qué lugar estás.
"La idea principal del negocio es vender carne y nosotros tenemos campos de cría en zona rústica. Lo que buscamos es un animal que asegure facilidad de parto, rápido desarrollo al destete, lo que implica una madre con buena ubre y capacidad lechera y que el crecimiento del ternero sea explosivo. Hay líneas de sangre por las cuales el animal sigue creciendo hasta después de los tres años. La realidad es que un novillo entre los 18 y los 20 meses se va del campo, de modo que el crecimiento debe ser explosivo hasta esa edad. Lo otro es que el animal sea de un tamaño moderado, los kilos los tiene que sumar por largo, ancho y profundidad. Mis animales son siempre muy profundos, porque en los campos malos el animal tiene que tener capacidad para ingresar mucho volumen de pasto para obtener las mismas calorías y proteínas".
Maximiliano Mammoliti, 40 años, familiero, de pueblo y de campo. Simple, llano, emotivo, pujante. Un gusto tenerlo entre nosotros. Alegra su alegría.

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