Robaron varias motos secuestradas por la Municipalidad, que permanecían en galpones cerrados solamente con candado. Parece que había 270, parece que faltan 15. A la hora de llenarse la boca, los funcionarios dan garantías que tienen las patas muy cortas. Bastó con poco para alzarse con un botín enorme.
“Los galpones estaban herméticamente cerrados” agregó Mansilla, cuando una simple mirada por los documentos que registran el permanente reclamo que los empleados han hecho a los responsables del área para mejorar los controles y la seguridad, demuestran que la realidad no era esa: los depósitos estaban prácticamente servidos al primer ladrón que se llegara hasta ese distante sitio, si estaba pertrechado de manera adecuada. “Hay seguridad permanente del destacamento policial de Sierra de los padres”, insistía con firmeza. Sí, quizá la hubiera ese día 23, pero no antes. Porque de haber sido así, no se explicaría la manera en que alguien pudo haber ingresado y sustraído de un plumazo una incierta cantidad de motos -que él limita a 15- que no se pueden cargar al hombro. Se le sugirió que el robo podría haberse realizado con un camión, pero negó la posibilidad, dijo que hay en el ingreso una tranquera y un sendero de 150 metros que deben recorrerse desde la ruta.
¿Entonces cómo fue?, se podría preguntar un ciudadano, mucho más aun si una de las motos robadas o de los coches desvalijados le pertenecía. Habrá que ver.
Los pedidos firmados por Juan José Arteaga, entonces director general de Trasporte y Tránsito, comienzan en abril de 2008, cuando era inminente el traslado de vehículos a los galpones de la firma comercial mencionada en el paraje Santa Paula. En la primera nota se solicitaban al secretario de Gobierno las medidas de seguridad imprescindibles para resguardar los bienes: alarmas, luces con encendido por célula fotoeléctrica, matafuegos y una manguera con pico, ya que el agua llega allí por intermedio de una bomba. Al mes siguiente, el mismo funcionario informó al subsecretario de Control, Héctor Caamaño, que ya había 200 motos allí, pero aún seguía sin los elementos solicitados. Los portones seguían sin cerraduras, y Arteaga pidió cerrarlos, aunque fuera sólo con candados.
En junio de ese año, ya fue Miguel Grassi Muñoz quien firmó las notas como jefe del Departamento de Inspección de Tránsito, y dijo que todo estaba igual, aunque parece que ya había candado. De poco sirvió. El mismo Grassi Muñoz tuvo que informar en diciembre de 2008 que el encargado de calle, Raúl Rigelhof, había encontrado abierto el galpón, pero afirmó que no faltaban vehículos. El mismo día, Rigelhof hizo la denuncia penal, y afirmó que no podía decir si faltaban unidades, ya que había que hacer un control. Puntos de vista.
Lo que se hizo fue trabar las puertas del galpón con coches sin ruedas para que no pudieran abrirse desde afuera. Se volvieron a pedir los matafuegos y una guardia policial de 24 horas, considerando que se trata de bienes en guarda.
Muy seguros
Ya en 2010, la primera denuncia penal por robo data del 18 de septiembre, cuando Grassi Muñoz declara ante el Destacamento de Sierra de los Padres que el galpón ha sido nuevamente violentado. El Siam Di Tella sin ruedas que usaban para trabar la puerta se encontraba corrido de su sitio. Dijo que, a juzgar por los espacios vacíos, faltarían no menos de 25 motos, y que él había informado esto al director Mansilla. Se ocupó, además, de recordar que desde hace mucho tiempo viene solicitando unas medidas de seguridad que no tiene. Había otros coches desarmados a los que les faltaban partes: asientos, patentes o repuestos, y varias motos estaban también diseminadas por el predio, como a punto de ser retiradas.
Pero el 20 del mismo mes, los hábiles desconocidos vuelven a entrar: se amplía la denuncia penal, y parece que en este nuevo recuento solamente faltan 15 motos. Los ladrones deben de haber regresado para devolver algunas de las que faltaban dos días antes.
Al día siguiente, Rubén Mansilla se dirigió al secretario de Control Adrián Alveolite para informar lo sucedido en los galpones de Santa Paula, y agregó que a partir de esa fecha, la policía del destacamento -a través del comisario Osvaldo Valle- “procedió a dar seguridad en el predio”.
Justo a tiempo, menos mal. Por eso en la entrevista del 23 dijo ante los micrófonos de la emisora que los galpones eran seguros, herméticos, y que tenían guardia policial. Herméticos, porque una grúa volvió a poner en su lugar los vehículos inutilizados que sirven para sellar las puertas de esos depósitos.
En la misma entrevista, dijo también que la Municipalidad había adquirido dos nuevas grúas y arreglado las que estaban fuera de servicio, con el fin de que la Dirección pueda brindar un servicio eficiente, y ordenar el caos vehicular en el que se desenvuelve la vida cotidiana de esta ciudad. Pero lamentablemente, una simple mirada al informe firmado por la encargada Mabel Alari que elevó el Área de Logística el 27 de septiembre -es decir, cuatro días después de la entrevista- indica que existen tres grúas fuera de servicio. Una de ellas, desde 2003. Se incluyen allí los presupuestos que prevén el gasto que requeriría su puesta a punto para el funcionamiento. Otras dos unidades están en servicio, pero sin mantenimiento. Figuran también en el informe cuatro móviles que no se han podido utilizar desde diferentes fechas del corriente año, por problemas de funcionamiento que requerirían ser reparados. ¿Cuáles son entonces las arregladas?
El ciudadano confirma una vez más que llenarse la boca parece ser una condición sine qua non para conservar el sillón de funcionario público y su suculento salario. Como muestra baste lo que Rubén Mansilla dijo en la entrevista mencionada: “cuando un vehículo no tiene VTV queda secuestrado, y no hay tu tía”. Los que tienen tía seguramente son los dueños de los numerosos automóviles destrozados que circulan por la ciudad, sin ninguna luz en horas de la noche. Algunos sin patente, o con la versión antigua. Con puertas atadas con cables o alambres. Humeando o con escapes libres que generan una contaminación sonora importante. Son esos los vehículos que realizan maniobras temerarias a pleno día, ya que no corren riesgo de arruinarse porque ya están destrozados. Son esos los que pasan por delante de los operativos de tránsito a sabiendas de que no serán multados, porque jamás los ven los muchachos del veraz Mansilla. No tendrán “tu tía”, pero son útiles para llenarse la boca.


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