Aprovecharon el día para comprar regalos y sacarse fotos con la gente en el centro puntano. Esta noche arranca la fiesta.
En plaza Pringles, por ejemplo, alumnos de diferentes colegios desenfundaron sus cámaras digitales y celulares para tener un buen recuerdo con sello internacional y así poner a prueba la lengua neutra.
Las pasistas Zelir (66) y Elza (55), de la escola Mocidade Independente Padre Miguel, describieron al puntano como una persona amable y sociable. “La gente es muy bonita y hospitalaria. Y este lugar es hermoso porque tiene grandes montañas y ríos”, dijo Zelir.
Respecto a las raíces del samba, Elza explicó que nace en las comunidades humildes de Brasil. Allí, desde muy pequeños y por la familia, aprenden el ritmo y la alegría del carnaval. “Pero es una vida que te tiene que gustar mucho para seguir haciéndolo a cualquier edad. Dentro del sambódromo, nosotras nos sentimos como en el paraíso”, sostuvo la experimentada pasista que con 55 años sigue colocándose la armadura de felicidad. “Es para sacar toda la energía negativa, bailar y estar contento", agregó Zelir.
Un par de cuadras más adelante, los pasistas Robert y Regina visitaron una casa de cambio para transformar el real en peso. Robert es la segunda vez que llega a la provincia y ya está ansioso por demostrar sus habilidades en Potrero: “Empecé a los 6 años en mi barrio. Fue por mis padres, porque si la familia baila, entonces los hijos también van a bailar. Es una cuestión que pasa de generación en generación", expresó con entusiasmo.
El intercambio cultural vivido en las últimas horas -y durante los próximos días- también genera beneficios en el rubro comercial. Y fiel a esta naturaleza, cada local del corazón del centro, por lo menos, recibe una dosis de alegría carioca.
En un reconocido negocio de ropa deportiva sobre la calle San Martín, Sergio (38), Renato (52) y Rodrigo (29) dejan algunas bolsas a un costado para probarse más prendas frente al espejo y cerrar la transacción. “Pudimos comprar muchas cosas, pero no está tan barato como creíamos. Igual, tuvimos que cambiar nuestra moneda porque la mayoría de las casas prefieren recibir pesos”, dijo Rodrigo, productor de la escola Mangueira.
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