Por: Miguel Polanski.El Gobierno defiende las mediciones del Indec amparándose en metodologías abstractas, mientras lo importante, la inflación, se acerca peligrosamente a la barrera del 40% anual
Como sucede con la mayor parte de los procedimientos administrativos y también, a menudo, en la justicia, lo que cuenta no es la realidad de los hechos, sino lo que está escrito en los papeles. Si bien el auto iba a 185 km/h, porque así lo indicaba el velocímetro, los comprobantes podrían decir otra cosa y de allí inferir que el auto circulaba dentro de los límites de la velocidad permitida. Por cierto, en este ejemplo se discuten dos cosas diferentes y se miden dos fenómenos distintos, pero eso ocurre cuando se analizan problemas técnicos con visiones ideológicas.
Algo parecido sucede estos días cuando proliferan toda clase de estadísticas y mediciones que intentan explicar la pronunciada aceleración de la inflación, cuyo piso supera ya, cómodamente el 30% anual y se acerca peligrosamente a la barrera de los 40. Basta, simplemente, con comprobar como los aumentos en los precios de los bienes y servicios se suceden cada vez con mayor frecuencia, en mayor cuantía y en períodos cada vez más breves. Estos son los datos relevantes que hay que considerar y no sólo lo que sucedió con los precios de la canasta el mes anterior. Igual que en el ejemplo, estos últimos sólo representan una imagen aproximada de lo que ha ocurrido y no lo que en efecto ocurre.
Los aumentos de precios de los productos industriales, en cada nueva lista que se distribuye a los clientes, rara vez bajan del 15 a 20%. Los dirigentes sindicales ya anunciaron que no aceptarán aumentos de salarios menores a un 25 a 30%, lejos del 15 a 20% con los que arrancaron el diálogo con el Gobierno. Para cuando haya terminado la negociación, los empresarios podrán posar para la foto y jurar que el aumento salarial no será trasladado a precios y, casi con seguridad que cumplirán, porque ya lo habrán hecho.
Días pasados El Cronista publicó un gráfico donde se compara la variación del IPC elaborado por el Indec y el de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA (BA City) durante los últimos meses. Allí se aprecia la aceleración del Indice de BAC desde Octubre de 2009 en adelante. Si resulta difícil para un observador externo estimar la velocidad que lleva un solo vehículo en la ruta, cuanto mayor será hacerlo con la inflación, donde cientos de miles de precios avanzan todos los días a distinta velocidad.
La más reciente interpretación realizada por las autoridades del Indec para defender la validez de su índice, puede ser considerada correcta en términos abstractos. El IPC mide la variación de una canasta seleccionada de artículos de primera necesidad y no el conjunto de precios de la economía, con lo cual ambos no necesariamente pueden ser comparables. Lo que se omite decir, es que aunque en el corto plazo los aumentos pueden ser de distinta intensidad, a la larga la canasta del IPC aumentará en la proporción que lo hagan los restantes precios de la economía. Los aumentos que no se hacen efectivos un mes, lo harán en los subsiguientes.
En países donde casi no hay inflación o es mínima, el IPC traduce con bastante precisión la variación de todos los precios de la economía. Sin embargo, cuando la inflación se dispara, los precios crecen a velocidades dispares, según la capacidad de cada actor por conseguir un aumento salarial o aumentar el precio de venta de su producto. Los comerciantes suelen ser quienes más rápidamente reaccionan y, por eso, rápidamente remarcan precios. No hacerlo, implicaría descapitalizar sus existencias y deteriorar su capacidad para reponer mercadería.
Hay otro motivo por el que la inflación real termina siendo mayor que el de la simple proyección de los índices contables del mes anterior. El índice refleja un promedio ponderado de un conjunto de bienes y servicios, donde hay precios que han aumentado mucho más y otros mucho menos. En una economía moderna, los salarios y la mayor parte de los precios son inflexibles a la baja, por lo que los ajustes para restablecer del equilibrio general de los precios relativos se hará en sentido ascendente.
Aún cuando desaparezcan las causas que dieron origen a la inflación, los precios seguirán moviéndose hacia arriba hasta encontrar el nuevo punto de equilibrio. Cuando aumenta en un 25% el salario de los oficiales panaderos, lo mismo sucederá con el salario de los pasteleros. Cuando el precio de los bulones aumenta un 40%, también lo harán casi en la misma proporción las tuercas y las arandelas.
Y será siempre así porque la inflación es un fenómeno de naturaleza monetaria. Ingresos y precios no son más que relaciones de valor con otros bienes ó con el conjunto de ellos y guardan siempre determinada proporcionalidad. Entender esta cuestión y reaccionar a tiempo permitirá corregir los diagnósticos y adoptar las medidas adecuadas para evitar que los aumentos se propaguen cada semana con mayor velocidad.
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