Como un pulpo con tentáculos capaces de alcanzarlo todo, la interna justicialista que enfrenta al oficialismo kirchnerista y al disidente Peronismo Federal se ha colado en la previa de las elecciones que celebrará la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) en el próximo mes de septiembre para renovar sus autoridades.
Concretamente, el actual secretario general, Hugo Yasky, recibe apoyo explícito de su colega de la CGT, el camionero Hugo Moyano, que opera con mandato de Néstor Kirchner. Es que, en la interna de la CTA, Yasky lidera el grupo que promueve un alineamiento (moderado, pero alineamiento al fin) con la Casa Rosada.
En el otro rincón, el fundador de la Central (que nació en 1992 como reacción al menemismo rabioso de la conducción cegetista encabezada, en aquel entonces, por los llamados Gordos del universo sindical) se apoya en la estructura nacional de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), que conduce su aliado Pablo Micheli, pero también, según pudo saber este diario, recibe ayuda de sectores ortodoxos del peronismo de la provincia de Buenos Aires.
Esa adhesión, que más bien se trataría de aportes logísticos concretos, provendría nada menos que del duhaldismo, con el propio ex presidente Eduardo Duhalde detrás de esos hilos.
A primera vista, la alianza estratégica De Gennaro-Duhalde parece un disparate. El dirogente sindical es un reconocido adherente del progresismo-ligado al Proyecto Sur de Pino Solanas- que se enrola en el sector de la centroizquierda/izquierda, que reniega de los métodos de construcción política del más tradicional peronismo bonaerense -el de los llamados barones del Conurbano-.
No obstante, quienes conocen los pliegues del Gran Buenos Aires recuerdan que De Gennaro proviene del distrito bonaerense de Lanús, en el corazón de la muy peronista Tercera Sección Electoral, donde supo tejer estrechas relaciones con las huestes del ex intendente vitalicio Manuel Quindimil, uno de los más leales coroneles de la tropa duhaldista que dominó la Provincia durante una década.
La participación de Hugo Moyano (como operador de la kirchnerización definitiva de la CTA después de las elecciones) y los muchachos que responden a Eduardo Duhalde (en busca de un nuevo polo de resistencia al Gobierno nacional) no resulta un dato para nada menor: camioneros y duhaldistas (aunque éstos últimos no son, ni cerca, lo que supieron ser) son acaso los mayores expertos en el uso de aparatos en procesos electorales.
Las elecciones que renovarán la comisión directiva de la CTA están previstas para el próximo 23 de septiembre, con cierre de listas fijado para el 5 de agosto. Están en condiciones de votar aproximadamente 1.350.000 afiliados de todo el país.
Como ya se dijo, la tensión entre las dos facciones internas que pulsean por el poder no es nueva, pero se tornó insostenible con los comicios en el horizonte cercano. Y, aunque algunos buenos samaritanos ensayan desesperados pedidos de cordura en pos de una solución amistosa que se traduzca en una lista de unidad, no son pocos los que no ven otro desenlace posible que una áspera confrontación con serio riesgo de fractura.






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