Las listas del 2013, cuestión de supervivencia

Por Eduardo Aulicino.

Cristina Fernández de Kirchner y sus verticales seguidores piensan en las listas de diputados y senadores nacionales con la esperanza de forzar el camino de la re-reelección .

Sueñan y también trabajan: el encolumnamiento y la dependencia de los jefes distritales es vital para garantizar casilleros en el armado de las elecciones del año que viene. Daniel Scioli sabe todo eso, lo padece, pero también es consciente de que su juego nacional tiene antes escala local. Necesita ampliar su peso en la Legislatura provincial, donde ahora tiene escasa tropa propia, porque parte de la batalla, quizás el acto más dramático para sacarlo de carrera o para condicionarlo , puede desarrollarse en ese ámbito. El fantasma “destituyente” circula en La Plata, a pesar de la tregua, pública y frágil, con Olivos.

Cualquier desenlace del proyecto reeleccionista de la Presidenta es inquietante para el gobernador, aunque no de forma indistinta. Olivos necesita asegurarse la confección de la nómina de candidatos nacionales. La ecuación es conocida: si el resultado de las elecciones de 2013 es bueno para el Gobierno, podría dar una fuerte pelea por la reforma de la Constitución en el Congreso, aún sin lograr el número suficiente, pero con la expectativa de sumar adhesiones a esa jugada y con la presión de un éxito electoral. En ese caso, el plan de Scioli para ir por la Presidencia se quedaría sin sustento, pero no sus problemas.

Scioli podría perder sus chances y al mismo tiempo ser “triturado” como ejemplo del precio de cualquier intento de desmarcación futura dentro del peronismo. En el equipo de Scioli prefieren no imaginar esa alternativa, aunque el propio gobernador haya dicho que su plan depende de que la re-reelección quede descartada. De todos modos, las perspectivas de paz no existen aún en la hipótesis más soñada en La Plata, que es competir por la candidatura presidencial. Temen que el cristinismo apunte a esmerirarlo para condicionarlo, en el mejor de los casos, o para dejarlo en la banquina y tratar de imponer otro postulante a la sucesión en el Gobierno nacional.

En cualquier caso, las prevenciones incluyen a la Legislatura como un terreno central de la disputa.

“Estos tipos son capaces de ir por la destitución de Daniel” , dicen allegados al gobernador. Dicen “tipos”, definición que habla de distancias y enojos, y remiten a la “naturaleza” del cristinismo: nadie cree que la Presidenta aceptaría sin más vueltas un recambio con candidato ajeno y el peronismo reciclado con otro protagonismo.

Scioli todavía no ha movido sus piezas, pero así como se acepta un papel de escaso relieve en el armado de las listas nacionales del 2013, se deja trascender ahora que buscará aumentar su representación en la Legislatura bonaerense.

No es la única señal que ha dado en las últimas semanas, luego de los momentos más tormentosos provocados por la falta de la asistencia nacional esperada para hacer frente al pago de salarios y medio aguinaldo. La mayor obsesión de La Plata es lograr vías de acceso a fondos que mediaticen la dependencia con el poder central.

En paralelo, el gobernador precipitó algunos movimientos en su gabinete para cerrar filas y reforzar el equipo. El caso más notorio fue el cambio al frente de Educación, que terminó con la salida de Silvina Gvirtz, de alineamiento directo con el cristinismo. Pero además, buscará ampliar los puentes políticos con el peronismo orgánico de la Provincia.

Esa decisión tiene que ver con una lectura registrada incluso entre dirigentes que se cuidan de exhibir cualquier gesto que pueda molestar a Olivos. Ya en medio de la tensión y protesta por el aguinaldo, algunos referentes del PJ señalaron la inconveniencia de una ofensiva tan fuerte contra Scioli, en la hipótesis no descartable de que pueda ser el candidato de 2015. Algo difícil de asimilar en el cristinismo, pero que el pragmatismo de resistentes jefes peronistas se permite incluir como tema a evaluar.

El círculo presidencial también tomó nota de esos comentarios reservados, aunque no determinantes, para tomar la decisión de bajar el nivel de la pelea con el gobernador. En este punto, el juego debe atender siempre dos objetivos que no siempre caminan en armonía: por una lado, la decisión de desgastar a Scioli para que no se recorte como referencia electoral; por el otro, la necesidad de cuidar la imagen presidencial para la competencia hacia el interior y hacia afuera del oficialismo. Los costos de la pelea –la última, de evidente impacto social– dejaron huella en las encuestas .

Difícil creer en las casualidades. Apenas impuesta la tregua en la superficie con el gobernador bonaerense, los sectores más jugados con el proyecto de la Presidenta salieron a mostrar su vocación reeleccionista . En Mendoza, dirigentes de varios distritos y los gobernadores Francisco Pérez y José Luis Gioja se pronunciaron a favor de una nueva reforma de la Constitución Nacional. También pasó por allí Amado Boudou, que busca algún grado de exposición en medio de las sombras que proyecta el escándalo por el caso Ciccone.

Desde el oficialismo, esta semana se buscará avanzar a toda velocidad con el proyecto para expropiar la empresa. La iniciativa nació como un remiendo que intenta amortiguar costos, en paralelo con esfuerzos que no logran paralizar la causa. El oficialismo habló de “soberanía monetaria” y voceros del cristinismo intentaron presentar el proyecto como una señal de “recuperación de la iniciativa política”. Recuperar la iniciativa: algo así como admitir que la realidad no es sólo lo que se imagina en el poder.

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