Fueron las palabra de la esposa del comisario principal Néstor Píccolo, al recibir cristiana sepultura ayer pasadas las 17,30 horas en el cementerio Nuestra Señora de La Paz.
Acompañaron sus restos, además de su familia, efectivos policiales de todas las divisiones, especialmente los de Infantería, área donde se formó.
Los brigadistas, último sector donde desarrolló sus actividades, también estuvieron presentes. Algunos dejaban ver sus ojos y rostros, marcados por el dolor, otros se refugiaban detrás de unos grandes anteojos oscuros, pero si algo tenían en común era la certeza que tuvieron entre sus filas a una persona honesta y que como dicen en la jerga policial "tropero", es decir cercano a sus pares, tengan el rango que tengan.
El cortejo fúnebre partió desde la casa de sepelios de calle Zuviría, con un operativo de tránsito que se vio apoyado con cortes de calles, para permitir la circulación de la extensa fila de automóviles detrás del féretro.
Los hombres y mujeres de la fuerza de seguridad, se fundieron en un aplauso cuando el féretro iniciaba su marcha hacia el cementerio. El acompañamiento de los policías se podía entender iba más allá de una simple relación de compañeros, estaban allí porque despedían a quien consideraban un hombre honesto, de trabajo, pero sobre todo a quien los tuvo en cuenta siempre.
Así lo reflejó uno de sus colegas del arma de infantería, quien con lágrimas en los ojos y la voz quebrada, despidió a quien dijo "siempre estuviste a nuestro lado, en noches frías, o con calor, cuando no había espacio para nada, siempre te recordaremos, en cada procedimiento, en cada operativo".
Luego de un fuerte silencio habló su esposa, quien estuvo aferrada al menor de los cuatro hijos.
"Lo dejaron solo, el nunca se alejó de la policía y cuando él necesitó que lo apoyaran y lo entendieran le dieron la espalda", dijo.
Pidió justicia, para que no quede como una muerte más, "esto no es un suicidio de una persona que tenía problemas. "En lo familiar no había ninguna dificultad, pero desde hace un tiempo sí se lo notaba tensionado, en lo laboral, pero nadie lo quiso ayudar y eso que el hizo saber cómo sentía", agregó.
Se aferró a que era un hombre fuerte, del que difícilmente se pudiera decir que era inestable," por eso no creo que haya sido una dificultad más, ¿qué lo llevó a hacer lo que hizo?, espero que algún día se sepa". Finalmente Liliana pidió justicia.
Nadie se movía del lugar. Entonces habló el suegro de Píccolo, enfatizando "aquí no hay ni un jefe, donde están, donde está el secretario de Seguridad, porque no hay nadie……dicen que están investigando por qué tomó esta determinación, que lo llevó a decir basta….era un padre y policía ejemplar, no era fácil que su ánimo decaiga, siempre superó todos los problemas, que pasaba ahora", dijo. En la comitiva que estaba en el cementerio se pudo advertir la presencia de algunos ex jefes policiales, entre los que estaban Prudencio Hilario Mejía, Marín Corbalán y Vicente Cordeyro, entre otros.
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