El intendente rosarino Miguel Lifschitz declaró ayer que “no tengo expectativas y creo que no es momento para hacer eje en nombres”, luego de la sentencia del gobernador Hermes Binner de que no lo contemplaba como sucesor porque no forma parte del gabinete provincial y no conoce bien “todo lo que se está haciendo”.
Lifschitz concedió que “obvio, no participamos directamente del gobierno provincial y podremos tener menos conocimiento fino del funcionamiento de la estructura, comparativamente con cualquiera de los integrantes del gabinete”. Aclaró, de todas maneras: “Experiencia no nos falta en la gestión y lo venimos demostrando, en mi caso desde hace muchos años”.
El feriado local y la rigurosidad de los actos en el Monumento a la Bandera y la Catedral, obligaron a Binner y Lifschitz a verse las caras luego de un día afiebrado. Al saludarse en la mañana el silencio rodeó la escena y el aire se cortaba con un cuchillo. Hubo frialdad entre el gobernador y el intendente. Existió el estrechón de manos bajo la mirada de monseñor José Luis Mollaghan (arzobispo de Rosario) y Miguel Zamarini (presidente del Concejo) como testigos, y no mucho más que eso, antes y después de los discursos.
Luego, las declaraciones de ambos corrieron por un camino previsible salvo el tono sensiblemente obediente por parte del intendente y una reafirmación de la corajeada por parte de Binner que siguió hablando de Bonfatti. Llegó con su ministro de la Catedral cuando ya todos estaban ubicados y luego ratificó: “Sí, Bonfatti está en condiciones de ser gobernador”.
La desazón en el sector del senador Rubén Giustiniani, presidente del Partido Socialista a nivel nacional y jefe del ala que confronta con Binner en la interna del socialismo, se prolongó durante todo el día como cabía suponerse y el único que abrió la boca, dando cierta pista de lo que piensa ese núcleo, fue el titular del Concejo y probable candidato a intendente, Zamarini.
Apuntó que las condiciones son distintas a 2007 cuando Binner dominaba la escena.
“Esta es una oportunidad distinta: tanto para la gobernación como para la intendencia hay distintos nombres que el socialismo puede ofrecer, porque los demás partidos también tienen muy buenos candidatos”.
Es decir, el gobernador debería cuidarse en querer imponer favoritos.
Con años de política a cuestas, Zamarini completó con una invocación: “Por lo tanto, creo que esto ayuda y beneficia a que la ciudadania conozca otros nombres, otras personas, y pueda evaluar su trayectoria, su accionar, sus propuestas. Me parece que la ley de internas abiertas, que felizmente superó a la ley de lemas, está para eso”.






Comentá la nota