El liderazgo que la Presidenta supo afirmar

Por: Ángel Núñez.

El amplísimo triunfo de Cristina en las pasadas elecciones, así como la misma campaña llevada a cabo por ella me sugieren algunas reflexiones.

En esta misma página señalé anteriormente el fuerte liderazgo que la Presidenta supo afirmar con posterioridad a la muerte de Kirchner, factor decisivo en las elecciones. Además es indudable que Cristina ganó por una serie de cosas positivas realizadas, que van desde la asignación por hijo, incluyendo a las mujeres embarazadas, hasta un nuevo y creativo tratamiento del tema del campo. Y es significativo que el opositor capaz de reconocer ciertos logros del Gobierno fue el que más crecimiento electoral obtuvo: es una manera de buscar un equilibrio político donde no todo es negro o blanco, y donde la sensatez y racionalidad se imponen.

Aclarado este enfoque objetivo, y ante el anuncio de que se afirmará y ampliará “el modelo” actual –y como la campaña se realizó con las infaltables fotos de Perón y Evita–, no está de más recordar que el peronismo popular y doctrinario levanta como eje central las banderas de la liberación nacional y social del país.

Y hay un gravísimo tema pendiente, o mejor dicho negado, que es el de ejercer la soberanía plena sobre las riquezas naturales como son las minas, el petróleo y el agua. Recientes hechos culturales de importancia nos llevan a esta reflexión. Se trata de dos películas de Pino Solanas (Tierra sublevada I y II) y de un libro de Miguel Bonasso (El mal. El modelo K y la Barrick Gold).

Y es pertinente señalar que las acusaciones y reclamos provienen desde dos representantes prototípicos del sesentismo y del tan mentado y mal usado setentismo. Porque Solanas encarna la lucha del peronismo durante el exilio del general Perón y Bonasso, el compromiso con la lucha guerrillera de los 70. Más aun, los jóvenes de La Cámpora se han enterado de la vida de su modelo a través del libro que Bonasso les dedicó.

Solanas muestra, filma, cómo quedan las regiones donde se hace minería a cielo abierto, quebrando roca y tirando cianuro –tal el método actual, ya desaparecidas las “vetas”–, que convierten en desiertos lo que eran zonas rurales. Y las obras aquí mencionadas explican la gravedad de las concesiones a la empresa Barrick Gold, que mediante un acuerdo argentino-chileno entre Menem y Frei cedió a la empresa 340.835 km cuadrados de territorio compartido: es la mentada mina Pascua-Lama, donde la empresa ejerce plena potestad, tiene aeropuerto y policía y derrite glaciares para utilizar el agua que necesita para la extracción de minerales.

Y paga monedas a las provincias y liquida los dólares en el exterior. Acuerdo que fue ratificado y ampliado, otorgando ventajas impositivas leoninas a la Barrick por el Tratado de Maipú, firmado en 2009 por Cristina Kirchner y la entonces presidenta de Chile Michelle Bachelet.

El Parlamento argentino aprobó por mayoría en 2010, en ambas cámaras, la Ley 26.639 de protección de los glaciares y “del ambiente periglaciar”, que le es necesario como resguardo. Fue una trabajosa tarea entre el diputado Bonasso y el senador oficialista Filmus, buscando una defensa de las riquezas naturales, jaqueadas por intereses poderosos.

Pero diferentes planteos legales provinciales y trabas surgidas desde el mismo Gobierno han permitido que la actividad de la Barrick continúe. La decisión final está en manos de la Corte Suprema. Hasta ahora pudo más el lobby minero del poder imperial –el ex presidente Bush forma parte del directorio de la Barrick–, que la lucha patriótica emprendida.

Un gobierno “nacional y popular” tiene que ganar elecciones, como ocurrió, y tiene que defender irrenunciablemente la soberanía nacional.

Pero en ostentosa reunión con el presidente de Barrick (junio de 2010), Cristina prometió dejarlos actuar sin problemas.

Aunque siempre se está a tiempo para hacer patria.

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