Una licencia que desnudó la arquitectura del poder

Por Martín Dinatale

Más allá del debate científico por el "falso positivo", la licencia de Cristina Kirchner no hizo más que desnudar la arquitectura real de poder con la que se sustentará el Gobierno tanto para enfrentar ajustes como para apaciguar los ánimos en las filas K.

La Presidenta volverá a la escena pública el próximo martes, pero en la práctica nunca dejó de ejercer el poder centralizado. En las semanas de posoperatorio quedó en claro que Máximo Kirchner tendrá un papel más relevante del que se pensaba: es el único hilo conductor entre el núcleo familiar cerrado y el primer anillo de poder. El secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini, actúa como el verdadero jefe de Gabinete, y Abal Medina quedó relegado a una función protocolar. Zannini cumple a rajatabla con el precepto de oro del kirchnerismo: "A la Presidenta se la escucha, no se le habla", suele repetir.

También la Presidenta seguirá mostrando el duro garrote del superministro sin ministerio, Guillermo Moreno. "La decisión de avanzar con el control absoluto de Papel Prensa formará parte de la matriz del poder, porque la guerra con los medios es funcional para distraer a la militancia ante un clima de ajuste", reflexionó un funcionario de la Casa Rosada que no comulga con el estilo del secretario de Comercio.

Amado Boudou debió contar cada uno de sus movimientos a Zannini y dicen que sólo pocas veces pudo dialogar con Cristina Kirchner. Esto lo ubica definitivamente en el papel de un vicepresidente decorativo. ¿Qué lo diferencia a Boudou de los últimos años de Cobos más allá de una retórica kirchnerista sobreactuada?

El secretario de Hacienda, Juan Carlos Pezoa, se transformó para la Presidenta en una pieza de mayor peso incluso que el ministro de Economía. Pezoa es el hombre fiel que lleva diariamente las cuentas del debe y el haber en el Estado, como solía hacer Néstor Kirchner. Es, además, el funcionario que tendrá el poder de la tijera en más de 300.000 empleos públicos. "Los ministros pasamos a ser empleados de jerarquía. Nada más que eso", se sinceró un ministro que no dialoga con la Presidenta desde que se operó.

Desde su reposo en Olivos, Cristina Kirchner dejó en claro que el Congreso será la "escribanía" que siempre soñó. La imposición de la mayoría oficialista en la Comisión Bicameral de (des)control de los decretos de necesidad y urgencia no hará más que ratificar cada DNU que firme la Presidenta, incluidos aquellos que prevén ajustes de haberes como el que ya aprobó a libro cerrado el kirchnerismo.

¿Cuál es la diferencia entre los 85 vetos a leyes que suscribió Mauricio Macri y el desprecio por el Parlamento que muestra la Presidenta?

Las sondeos previos a la operación presidencial daban hasta un 70% de aprobación a la gestión. Los encuestadores no creen que haya bajado ese porcentaje. Pero se vienen meses complicados: habrá recorte de salarios, negociación de los gremios en las paritarias, caída de la recaudación del campo por la sequía y un aumento de tarifas por la quita de subsidios. Ya hay signos de esos malos tiempos: Santa Fe, Santa Cruz, Entre Ríos, Chubut y Río Negro tuvieron problemas para pagar sueldos de diciembre y en algunos casos pidieron adelantos de coparticipación a la Nación.

En la Casa Rosada están convencidos de que la estructura de poder que armó la Presidenta aguantará cualquier chubasco. Como contrapeso se diagraman "medidas contracíclicas", un eufemismo para disfrazar el ajuste. Allí se incluirá el tedioso debate por una reforma constitucional, un plan de viviendas para la clase media sustentado con créditos de la banca privada y una guerra despiadada contra la prensa independiente. Todo servirá para retener el poder y disfrazar el entierro de convicciones..

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