El mal libreto de Timerman

Por Ricardo Roa

A quién se le podría ocurrir mezclar los muertos por la dictadura con un tribunal del Banco Mundial y una sanción comercial de los Estados Unidos? Al canciller Héctor Timerman.

Todo porque Barack Obama nos excluyó de un sistema de rebajas arancelarias para vender nuestros productos allá. Fue porque el Gobierno no acató fallos del CIADI a favor de dos compañías estadounidenses que habían demandado al Estado argentino por incumplimiento de contratos.

En un comunicado, Timmerman argumentó que ambas controversias deben ser juzgadas por tribunales argentinos y según la legislación nacional. Y puso como ejemplo de nuestro respeto a la leyes a “las víctimas de la dictadura, que recibieron reparaciones del Estado por las violaciones a los derechos humanos”. Los asesores de Obama deben estar buscando cuál es la relación entre eso y las sentencias del CIADI. Parece un chiste si no fuera porque el Gobierno utiliza el horror de la represión y los desaparecidos para justificar cualquier cosa (ver Ya faltan libros por las trabas a las importaciones).

Y no sólo eso: en el mismo comunicado, el canciller argentino poco menos que dijo que Obama les hace el juego a los fondos buitre.

Otra descalificación para consumo interno . Lo que hizo Obama en realidad fue acusar a la Argentina de “mala fe” y reclamar que se le pague la deuda a dos empresas de su país.

Una es Azurix, que tuvo la concesión del agua en Buenos Aires, y la otra es CMS, que estaba en el negocio energético y cuya deuda compró el fondo Blue Ridge. Reclamaron desde 2002 contra el congelamiento de tarifas y después de un largo proceso, en 2009 el CIADI ordenó un resarcimiento para ellas de alrededor de US$ 400 millones.

La represalia de EE.UU. no tiene un gran peso económico, aunque perjudica de lleno producciones regionales . Es, sobre todo, una señal política fuerte, que se suma a los votos contra los préstamos en el Banco Mundial y el BID.

Nos saca de un sistema al que incorporan cada vez más países.

Y encima lleva la firma del propio Obama.

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