En el principio, fue el amor. Como siempre. Pero el amor sigue siendo más fuerte 21 años después, cuando la Librería Caciques acaba de inaugurar un nuevo espacio accesorio a su histórico hogar de avenida Brown: el show room, que funciona desde hace unas pocas semanas a pocos metros de la sede central.
Luego de tres años la pareja resolvió mudarse, porque el hogar inicial ya les resultaba chico. Entonces apareció el local de Brown 311 (donde actualmente están), que en esa primera etapa les quedaba grande, aún siendo más o menos la mitad, en términos de espacio, que el de hoy. Lili recuerda que para 'vestir' las estanterías y el lugar, colocaban cajas vacías. "Por ejemplo sacábamos las resmas de las cajas, pero con las cajas ocupábamos espacio. Así fueron nuestros comienzos, hasta que de pronto, un buen día, nos dimos cuenta de que otra vez el local nos resultaba pequeño", relata Lili, entrevistada por el diario el finde a propósito del cumple de Caciques. Solicitaron entonces al dueño del inmueble "un pedacito más de espacio", y como la casa contigua tenía una habitación que nadie utilizaba, se produjo la ampliación del sitio, que fue llevado a la medida actual.
¿Cómo se pasa de aquél inicio a este presente? No te pido una receta porque no la hay, pero sí que me cuentes cómo construyeron ustedes este camino.
-En verdad no hay explicación para las cosas, las cosas se van dando. La única explicación tal vez sea haber comenzado a hacer algo con mucho amor. Y transmitirle eso a la gente. Mucho amor, mucha humildad, mucha sinceridad y mucho trabajo, claro. Cuando vos le ponés amor a lo que hacés, le ponés fuerza, sinceridad y trabajo, le ponés todo lo que tenés, la gente te lo retribuye. El que viene sigue viniendo. Nosotros tenemos clientes de la primera hora, que recuerdan perfectamente cómo empezamos. (Librería Caciques posee Facebook. Allí hay fotos de los inicios del comercio, donde pueden verse imágenes de las épocas en que las cajas vacías completaban las estanterías, por ejemplo.) Inclusive, algunos niños iban a Caciques "desde semilla", como le gusta decir a Lili, y hoy ya llevan a sus hijos a buscar sus libros.
En 1992, Lili y Edgardo tuvieron a cargo la fotocopiadora de la Escuela de Enseñanza Técnica Nº 1, donde conocieron mucha gente que luego se constituiría en cliente de Caciques, recuerda Aragonés. En ese entonces la labor era intensa, dado que la escuela tenía tres turnos escolares y había que cubrirlos, además de atender la Librería propia. En lo que atañe a aquellos primeros clientes que 'hicieron el aguante', Lili destaca a los compañeros del colegio, las familias, los amigos, los compañeros de la Agronomía donde se desempeñaban antes de abrir Caciques, vecinos del barrio, etcétera.
Hoy, Librería Caciques ofrece todo en librería (cuadernos, lápices, etc.), papelería, insumos para computación y juegos didácticos de mesa (juguetes no). Luego, libros para todas las edades y de todos los tipos. También venden libros por encargo.
Ya en el segmento final de la entrevista, Lili agradeció "especialmente a las familias de ambos. Mi madre ha sido muy importante en estos veintiún años, la familia de Edgardo también, su papá, su hermana, sus sobrinos y todos los demás; los amigos personales han jugado un rol clave, y fundamentalmente ha sido vital el acompañamiento de la comunidad de Bolívar, en particular las instituciones educativas y las docentes".
A propósito de agradecimiento, la Librería ha decido llevar adelante una propuesta que, con la participación de sus clientes, consistió en colaborar económicamente con instituciones de Bolívar. Descartada la opción de realizar una gran fiesta de agradecimiento por el respaldo en estas dos décadas de labor comercial, a Lili y Edgardo se les ocurrió otra cosa: "al dinero que teníamos para la fiesta por los veinte años, decidimos donarlo. Entonces este año implementamos un sistema por el cual a cada cliente que venía le consultábamos a qué institución quería que donáramos un porcentaje de su compra". Así fue que para cuando Caciques cumplió 21 años, formalizó el proyecto con la presencia del escribano Pacho. "La gente eligió setenta y dos entidades. Cada una de ellas recibió una nota nuestra en la que le contábamos qué habíamos hecho, y luego debía pasar por el local a retirar su orden de compra por el dinero que le donábamos", explica Aragonés. "En eso estamos ahora", completa la comerciante.
La entrevista finaliza en el flamante show room de Caciques. Es el mediodía largo del sábado, y Edgardo y Lili se van a cerrar el otro local, el de siempre. Hay un clima tibio en Bolívar, igual que en sus corazones.
Comentá la nota