Dos cronistas viajeros que van hacia el Señor de los Milagros para agradecer por los favores recibidos, relatan, en persona, desde hoy las alternativas de la caminata de todos motivada en la profunda fe. Vívalo día a día en las páginas de EL LIBERAL.
Darío Olivares y Carlos Córdoba nos cuentan en primera persona la insuperable experiencia de caminar impulsados por la fe.
Para Olivares es la 12ª peregrinación, mientras que para su amigo Córdoba es la sexta, pero ambos coincidieron en que ésta será una ocasión especial, porque además de la incentivación espiritual que los impulsa cada año hasta la histórica villa, escribir para los miles de lectores de EL LIBERAL les aportará una cuota extra de motivación.
En primera persona
Éste es su relato:
Darío Olivares: “Hola, amigos de EL LIBERAL. Los saludamos en Cristo, nuestro Señor milagroso, y esperamos acompañarlos y sentirnos acompañados por ustedes en esta nueva travesía que emprendemos empujados por nuestra fe en el Señor de los Milagros, pero esta vez con el agregado de escribir para contar cómo es esta incomparable experiencia”.
“Primero les cuento que nosotros con Carlos, con quien somos veteranos de Malvinas, caminamos para pedir por nosotros y nuestras familias, para pedir por la salud, porque no nos falte trabajo ni a nuestros hijos. Y para agradecer los favores recibidos, pero al mismo tiempo es más que eso, porque en realidad lo que nosotros hacemos es devolverle con algo tan pequeño como nuestros dos días y medio de caminata, que no la sentimos como un sacrificio, un poquito de lo mucho que nuestro Dios nos da”.
“Salimos este miércoles a las 6 de la mañana de La Banda, donde vivimos. De noche paramos en Taboada, donde descansamos al costado de la ruta en una carpita que nos trajo mi hija. Yo tengo mi negocito y Carlos también trabaja, así que el tema de la preparación es más espiritual que atlética. En los 12 años que camino nunca me entrené, pero jamás llegué con ampollas. Será cuestión de fe o de caminar a paso firme pero tranquilos, no sé”.
“Lo que sí sé es lo que conversamos en el camino con Carlos. Porque caminar nos permite conversar de una manera como no se puede en otro momento y lugar. Nos lleva a una profunda reflexión. Uno llega a sincerarse profundamente con el compañero. Por eso lo vivimos como un retiro espiritual y hasta como un examen de conciencia, porque también hay espacio para la introspección. Por eso para nosotros caminar no es ningún sacrificio, casi ni lo notamos. Lo que sí se siente es la misma emoción todos los años. La ansiedad de la llegada te empuja a caminar. Y una vez que llegamos y subimos a tomar gracia, todo el cansancio desaparece”.
“En mi caso particular, otro hecho feliz me anima a caminar; el viernes voy a ser abuelo por primera vez, de mi segunda hija, por lo que también pido bendiciones para ellos”.
“Mañana jueves, pensamos salir a las 6 de la mañana y a la noche estaremos por Lugones. En EL LIBERAL de mañana les contaremos más. Hoy nos despedimos con una invitación a que conozcan y experimenten en sus vidas lo que es caminar para el Señor de los Milagros de Mailín y sentir en sus corazones el poder que tiene y que sepan que Él puede cambiar sus vidas”.
Veteranos
Durante la guerra de Malvinas, Darío Olivares, que había sido incorporado en Campo Sarmiento, fue destinado al portaaviones 25 de Mayo, desde donde se reabastecía de combustible y municiones a las aeronaves que intervinieron en la primera batalla aeronaval de las Fuerzas Armadas Argentinas.
Carlos Córdoba, como infante de marina, estuvo entre los primeros en desembarcar en Puerto Argentino, cuando se recuperaron las islas del Atlántico Sur.
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