Lesa humanidad: testigos acusaron a las policías provincial y federal

Eduardo Fronda estuvo detenido y fue torturado en la Delegación Salta de la Policía Federal antes de que su cuerpo acribillado apareciera en la zona cercana a San Lorenzo. Las notas periodísticas de Luciano Jaime le habían ganado el odio del comisario Joaquín Guil, y también estuvo detenido días antes de ser secuestrado y asesinado.
La Policía, con Guil y Miguel Raúl Gentil a la cabeza, fraguó un enfrentamiento en Rosario de Lerma para asesinar a Alfredo Matioli, Ricardo Tapia y los hermanos Marcos y Liendro Estopiñán.

Estas son algunas de las revelaciones que dejó la cuarta jornada del juicio que se desarrolla en la sala de grandes juicios de la Ciudad Judicial y en la que el Tribunal Oral en lo Federal Criminal (integrado por los jueces Carlos Jiménez Montilla, Mario Marcelo Juárez Almaraz y Marta Liliana Snopek, y el cuarto juez Gabriel Casas) juzga a 20 hombres por delitos de lesa humanidad cometidos en perjuicio de 34 personas.

Siete testigos declararon ayer y, aún los reticentes, hicieron aportes para ir develando los actos de terror estatal cometidos en los años previos al golpe de Estado de 1976.

Carlos Holmquist, militante del peronismo revolucionario, detenido desde diciembre de 1974 (luego de la caída del Gobierno de Ragone, con la intervención de José Alejandro Mosquera) afirmó que “el 3 ó 4 de enero de 1975” Fronda estaba en la Delegación de la Federal, donde lo escuchó quejarse: “Me pegaron. Soy Fronda”, le dijo. Y añadió algo sobre un brazo quebrado.

Holmquist fue golpeado e interrogado por el jefe de la Federal, Federico Livy, y el ex oficial federal Juan Carlos Alzugaray. En una salida al baño, alcanzó a ver a Fronda: estaba “con su torso desnudo, esposado en un banco. Descalzo, pero con medias”.

Uno o dos días después se enteró por los diarios que Fronda había sido asesinado. Como publicó el periodista Luciano Jaime el 9 de enero, en El Intransigente, tenía un brazo quebrado.

“Guil nos perseguía a todos”

La periodista Silvia Troyano comenzó su testimonio reclamando justicia para Luciano Jaime, “mi amigo, mi entrañable amigo”.

El periodista fue secuestrado y asesinado entre el 12 y el 14 de febrero de 1975. Troyano acusó por este hecho a Joaquín Guil. Recordó que el día antes de su desaparición Jaime recibió un llamado en el diario: “Se le borraron las facciones (alegres). Me dijo: ´Por favor, si yo mañana no vengo, mové cielo y tierra porque Joaquín Guil me va a matar’. Y al otro día no vino más”.

El 13 de febrero Troyano fue detenida y trasladada a la Central, donde la interrogaron Gentil y Guil. “Era el que nos perseguía a todos”, aseguró. El periodista Rodolfo Plaza, jefe de Redacción en El Intransigente, dijo que siempre pensaron que el asesinato había sido cometido por policías de la Provincia, con la posible participación de federales. Y recordó que Guil tenía “animosidad” contra Jaime desde que éste fuera corresponsal del diario Norte en Orán.

Contó que cuando se publicó la información sobre el homicidio de Fronda, Livy exigió hablar con el director, Lucio Paz Posse. En su lugar fue Plaza: “Fue un momento muy duro. Livy se levantaba, gritaba, que éramos unos mentirosos, que teníamos unos hijos de tal por cual, que teníamos que echarlo, que nos iba a ir mal”. Quería saber quién les había dado la información y quién era el autor de la nota. Era fácil saber que era Jaime porque su foto, inclinado sobre el cadáver de Fronda, ilustraba la nota. Unos diez días después Jaime fue detenido y llevado a la Central, donde fue interrogado. Allí vio a Guil. A la segunda noche fue llevado a la Federal, donde fue interrogado por Livy y fue luego liberado el tercer día.

Plaza recordó que pocos días después una llamada alteró a Jaime, que se preocupó también por la presencia de tres hombres en un rastrojero. Otro compañero, Salas, se ofreció a llevarlo a su casa, pero lo dejó en Alberdi y San Martín, porque el tránsito estaba demorado por las comparsas. Esa fue la última vez que se lo vió con vida.

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