Sea cual fuere el candidato, el PJ provincial vive un proceso de cambio que se profundizará en los próximos cuatroaños. Y su nueva candidatura a la gobernación ayudará a esto. Pero también el Frepam debe darse cuenta de lo que
representa esta oportunidad para la oposición.
En los últimos días -y lo mismo seguramente ocurrirá en los siguientes- se sucedieron hechos significativos que no estaban en ningún cálculo: la intrusión de la presidenta Cristina Fernández en la política provincial para designar a su propia candidata a diputada nacional; la renuncia del senador Carlos Verna a la gobernación; y la "querella" interna por quién debe ser el nuevo postulante, cuestión en la que todavía deberá expedirse la justicia.
Sin embargo, todo este proceso puede ser la larga parición de un nuevo partido y su futura configuración interna. De las posibilidades concretas de cambiar o no los candidatos -actualmente la vía legal dice que es la marinista Norma Durango- es que se pueda llegar a profundizar o no esta situación.
Adiós a los grandes.
Este presente que vive el PJ pampeano ha sido producto de una serie de hechos que se sucedieron uno tras otro en pocos años. La gobernación de Verna, la emergencia de Plural y la interna que llevó a la derrota del marinismo, la destitución del polémico intendente Juan Carlos Tierno en Santa Rosa y la victoria del Frepam, la acomodación de Marín con el kirchnerismo, son algunos de esos jalones, y podemos nombrar varios más.
Hoy el PJ está dividido y fragmentado en sus bases -más allá de la mayoría de la vernista Línea Plural y su aparato, cuya estructura de intendentes parece ser lo único sólido-. Hacia delante parece que asistimos al ocaso de los grandes líderes. Marín conduce su sector, pero queda en claro que su despedida está próxima. Verna "se bajó" en un hecho inédito e irresponsable, y esto le jugará seguramente en contra, sobre todo con ocho años alejado de la gobernación. Por su parte el gobernador Oscar Mario Jorge nunca fue un conductor, sino un mero administrador sin construcción política propia.
Sin conductor.
Hoy no hay una conducción, en la era posmarinista. El gobernador en los últimos ocho años dejó de ser el jefe del partido en la provincia, como ocurría en los '90, y el poder así se desgrana. Marín -con su perfil de líder hegemónico y verticalista en lo interno en los '90- o Verna -con su perfil de conducir una fracción y enfrentarla al marinismo tras el 2003- garantizaron legitimidad y gobernabilidad. Jorge lo logró con la apoyatura del vernismo y los intendentes.
La fragmentación en el PJ no es un dato menor, y la proliferación de listas para competir en las internas -más allá de sus posibilidades reales- o de militantes que se fueron al peronismo disidente -más allá de su número- muestra esta coyuntura. Y hay que mencionar que también hay sectores minoritarios que quedaron afuera de las listas armadas por el acuerdo Verna-Marín, como los sindicatos o el kirchnerismo "más puro".
Nombres.
Hacia delante parece que se dará una transformación interna, sea el que fuera el candidato a la gobernación. Todavía falta expedirse la justicia electoral, y esta semana será clave, pero hay barajados nombres, y posibilidades.
El marinismo quiere, como establece la ley, que la candidata a vicegobernadora ocupe el lugar vacante. Esto es resistido por los plurales en su conjunto, que quieren que la justicia los deje colocar a un nuevo postulante a la gobernación. Cuestión a la que se opone el marinismo. Este sería el vice Luis Alberto Campo o el actual mandatario Jorge. Tal vez el intendente de General Pico, Jorge Tebes.
Los que hacen sus análisis afirman que el que podría cerrar la ecuación sin tantas heridas sería el nombre de Jorge. Afirman que lo ayuda que tendría buena relación con la Casa Rosada, que sería "neutro" en la interna y que ya está ocupando la gestión, por lo que sería un candidato instalado en la opinión pública para la campaña. Sin embargo, los intendentes plurales lo sufrieron y los marinistas lo criticaron duramente por su perfil administrativista. De ser el candidato Jorge podría convertirse, en los próximos cuatro años, en un dique generacional y político que frenaría los cambios internos, aunque no los detendría. La interna, que finalmente es la que generará las transformaciones, podría así quedar soterrada un tiempo más.
Lugar para cambios.
La posibilidad de que sean los demás nombres -Durango o un plural- los que encabecen la lista, seguramente disparará esa transformación por lo que pueden generar -cuando hablamos de transformación, no lo hacemos como renovación, sino simplemente de algún tipo de cambio-. La renuncia de Verna dejó debilitado al PJ en gobernabilidad y legitimidad, porque los posibles candidatos que quedan no tienen el respaldo de todo el partido y deben legitimar en las urnas su "liderazgo".
En ese marco, habrá reacomodamientos y un nuevo equilibrio de fuerzas frente a dirigentes que no tendrán la suficiente representatividad, y deben construirla. Y que tendrán que negociar con los demás sectores internos para lograr, de llegar al poder, una gestión sin sobresaltos. Sin contar una legislatura que a priori estará fragmentado en varias bancadas que sería otro frente político duro para el PJ, acostumbrado a la mayoría automática.
Por debajo, y empujando, está la fuerte estructura de los intendentes plurales y una nueva generación que pugna por abrirse camino en el marinismo, frente a los débiles diques de una conducción en retirada (Marín, Verna, Jorge).
En el Frepam.
¿El escenario político pampeano solamente lleva a una transformación del PJ? No, seguramente tendrá repercusiones en otros sectores. Sobre todo en el Frepam, la principal fuerza opositora al justicialismo.
Aunque la base social del peronismo es fuerte, tiene el aparato y todavía una fuerte representatividad, en el Frepam advierten que este presente podría llegar a ser el momento de la tan anhelada alternancia de partidos en el poder.
Tienen para mostrar que pudieron ser gobierno en Santa Rosa -si bien la gestión quedó a medio camino en algunos aspectos-. Falta convencer a la sociedad de que son una alternativa seria para administrar la provincia. Y que la dirigencia radical tenga una verdadera vocación de poder para dejar su internismo y sus especulaciones de política menor de lado detrás de un proyecto mayor. Tendrá además que generar alguna mística en los próximos meses para promover ese cambio, y ser capaz de transmitir un proyecto y la capacidad de concretarlo a la sociedad y no quedarse sólo en mostrarse como una cara mejorada del peronismo.
En este proceso de transformación y crisis que vive el PJ -del que puede salir algo positivo o algo negativo-, también se deben derribar algunos mitos que ayudarían a la oposición. Por un lado, el de que sólo puede gobernar el peronismo. Otro, que al peronismo no se le puede ganar en las urnas -más allá de la coyuntura tan particular de 2008-. Un tercero, que sólo puede gestionar uno de los caciques del partido (Marín o Verna). A esta altura, depende sólo del Frepam hacer mérito para impulsar la caída de esos mitos y ser protagonistas, no espectadores, de un cambio político en la política.





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