"Hay temas que siguen siendo tabú y sobre los que cuesta más romper el silencio. Lo bueno es que cuando esas barreras se superan y esos temas finalmente son tratados en el recinto los debates son muy profundos y enriquecedores".
El proyecto de ley que despenaliza la prostitución en la calle, prometido por el poder político desde el asesinato de la sindicalista Sandra Cabrera, viene siguiendo un derrotero similar al de tantos relacionados con la salud reproductiva o los derechos de las minorías. Iniciativas que discuten intereses o cuestiones ideológicas y que no pueden sortear el cajoneo y los tiempos parlamentarios.
Así están, yendo y viniendo, proyectos como los de la unión estable de parejas que contempla los derechos de las minorías sexuales (aprobado dos veces en Diputados y aún sin tratamiento en el Senado) o la adhesión al protocolo nacional para intervenir en casos de posaborto que tienen una gran tasa de mortalidad de mujeres.
Esquivando. La despenalización de la prostitución callejera fue anunciada en 2004, tras el crimen de Cabrera, por el gobierno justicialista de Jorge Obeid. Sin embargo, su camino fue cuesta arriba en la Legislatura. Recién el año pasado, con la mayoría propia, el Frente Progresista logró que llegara al recinto en Diputados y obtuviera media sanción. Así, desde noviembre pasado descansa en profundo silencio en la comisión de Derechos Humanos del Senado y si no se le da tratamiento el jueves en la última sesión extraordinaria —así lo pidió el gobernador Hermes Binner 10 días atrás— perderá estado parlamentario.
En los últimos días, el bloque Justicialista de la Cámara alta esquivó el tema. Excepto Juan Carlos Mercier, quien se mostró dispuesto a tratarlo "pero en un marco de reglamentación que garantice seguridad, higiene y no explotación".
Aranda no acuerda. "No se puede reglamentar la prostitución como cualquier actividad, porque no lo es. Una cosa es admitirla como parte de la realidad y no perseguirla, pero otra cosa es reglamentar o cobrar impuestos", objetó.
Es que para la diputada, el eje del proyecto pasa por no perseguir ni discriminar. "Si hablamos de la vía pública, suele haber más lío cuando se juntan seis pibes en la puerta de un bar a las 5 de la mañana, yendo y viniendo en moto. Sin embargo, la ley persigue más a una travesti que está callada en una esquina, sin hacer ruido", comparó.
Silencio. Aranda ya no se sorprende ante las demoras parlamentarias que surgen cuando se trata de temas "que cruzan cuestiones ideológicas y otros intereses".
"En general hay una estrategia inicial que es el silencio. Llegan los proyectos, se esquivan y se cajonean hasta que pierden estado parlamentario. Ni siquiera se puede conocer la opinión de los legisladores, porque su primera reacción es un rechazo fundamentado en el prejuicio. Pero con el tiempo tienen que enfrentar estos temas, porque siempre hay algún legislador que insiste con los proyectos, o se empiezan a recibir los planteos de las organizaciones que los impulsan. Y un día ya no se pueden esconder más", señaló la diputada socialista.
"Ese día pueden pasar dos cosas: algunos empiezan a comprender más el tema y dejan de opinar desde el desconocimiento. Entonces cambian el punto de vista o se siguen oponiendo pero más claramente, ya sin ambigüedades. Esto ha pasado en muchos temas", agregó.
—¿El Senado es más proclive a poner trabas?
—En estos temas las trabas están en ambas cámaras, aunque históricamente Diputados ha sido más permeable para debatirlos. Esto suele darse en las representaciones uninominales, como es el Senado provincial, que tienden a que se conserve el poder en una sola persona. Esa concentración y perpetuación va atando a los legisladores al statu quo y, a su vez, torna más difícil que encaren los debates relacionados con abrir el juego a sectores históricamente discriminados en la sociedad. Por otro lado, este mecanismo de elección hace mucho más difícil para una mujer acceder a una banca. De hecho hubo muy pocas mujeres en el Senado santafesino. Y este tipo de temas suelen llegar a la agenda legislativa de la mano de ellas.
Hablando se entiende. Aunque preferiría que estos proyectos no tuvieran tantos obstáculos, Aranda rescató que estos tabúes terminan, con el tiempo, originando en los recintos legislativos "debates genuinos, profundos y enriquecedores" sobre temas de los cuales la sociedad "todavía se resiste" a hablar.
"Mucha gente común, con sólo charlar con mujeres que ejercen la prostitución, pueden superar las barreras del prejuicio y ver al ser humano y ciudadana con derechos que es una prostituta, con las dificultades que atraviesa en su vida cotidiana. Eso también puede pasarles a los legisladores", consideró.
La próxima palabra sobre este tema será de los senadores, tal vez esta semana, o en un par de meses.



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