Chacharramendi, a poco más de 200 kms. de Santa Rosa, tiene unos 500 habitantes de los cuales 238, de acuerdo al padrón, se encuentran habilitados para. Una joven mujer se postula para ser intendenta.
Y obviamente si uno refiere a algún paraje de nuestro Oeste provincial, seguramente hallará también a quienes merezcan de una segunda mirada para apreciarlos mejor. Chacharramendi es un pueblito, muy pequeño por cierto, ubicado unos 100 kilómetros al sur de General Acha, donde María Jesica Tamara Andiarena (30) vivió prácticamente toda su vida, y allí quiere seguir aunque quiere para su pueblo un destino mejor.
Trabajando en el monte.
Dedicada a trabajar duro, muy duro, en el monte, cortando y embolsando leña, ella y su grupo familiar salieron a pelearle a la mishiadura, a la falta de oportunidades en un paraje donde la vida se hace dura, complicada, donde el frío en el invierno taladra los huesos, y el sol abrasador del verano pareciera que va a calcinarlo todo. "El Vasco", con el viejo camión Bedford, sacaba palos del monte para vender; pero después Tamara se dio cuenta que el negocio podía crecer, que se podía embolsar la leña en bolsas más chicas y generar una pequeña empresa familiar. Así nació la Aserradora "El Algarrobal", que cada semana distribuye más de 1.000 bolsas en Santa Rosa, General Acha, General Pico y Neuquén. "Durante tres días se corta y se acarrea leña al playón, y después hay que hacharla y embolsarla. Son unas 400 por día, y mi hermana Natalia, que va los fines de semana es la mejor en esta tarea", admite Tamara.
Es hija de un policía retirado, "El Vasco" Andiarena, con quien vive en Chacharramendi; y de mamá Lidia, enfermera en Limay Mahuida, que fuera 12 años secretaria tesorera allí. Tiene tres hermanos, su mellizo Lucas, Natalia (28) profesora de Educación Física en General Acha; y Alejandra que es enfermera en Río Cuarto. Y tiene claro "un gran amor. Se llama Máximo, y es mi hijo de dos años y medio", revela.
La infancia, el estudio.
Locuaz, intuitiva, decidida, Tamara cuenta su historia. Me dijo la diputada Josefina Díaz en su despacho: "Te presento a la futura intendenta de Chacharramendi". Alta, morocha, el cabello corto, la mirada vivaz, la conversación inteligente, Tamara llama la atención. Se nota que tiene una fibra interior que la hace encarar la vida con optimismo, pensando que "todo se puede cambiar, y mejorar". Será por eso que casi no lo dudó cuando después de una reunión del Frepam en Chacharramendi alguien sugirió que fuera por la intendencia. Y en eso está.
"Diría que tuve una infancia nómade, porque mi papá policía y mi mamá enfermera... pero siempre viviendo en la zona. Hice la primaria en la Escuela Hogar de Chacharramendi, después seguí el secundario en General Acha y terminé en el Normal de Santa Rosa", relata. Pero no quería quedarse con eso, porque una circunstancia muy específica la habría de interesar en conocer más el cuerpo, la anatomía del ser humano (ver "Una chica rara..."), y por eso decidió seguir Radiología en Berrotarán, a 60 kilómetros de Río Cuarto, en la provincia de Córdoba.
"El primer día que llegué tuve una entrevista laboral en una heladería muy conocida. ¿Helados? Donde yo vivo, en La Pampa, no conocemos qué es eso comenté, pero necesito trabajar, sólo quiero una oportunidad. Y me tomaron... trabajé todo el año y ahorré para poder afrontar los gastos, hice la carrera y sólo me falta la tesis, que en algún momento haré", cuenta Tamara.
El regreso.
Después decidió que lo mejor era volverse, y ya en Chacharramendi encaró a su padre: quiero trabajar con vos. Me acuerdo que los primeros días iba de lentes al monte, demasiado fashion ¿no?", se ríe. Hace seis años de esto.
De a poco se acostumbró al trabajo duro, a andar entre los árboles, ramas y arbustos, a sacar leña hiciera un frío tremendo o un calor inaguantable, y de a poco fueron levantando cabeza. "Da para vivir", dice ahora sí con recato. "¿Pero esa hermosa Toyota blanca en que te movés, es tuya?", le pregunto. Y vuelve a sonreir: "Sí, sí, claro", admite igualmente reservada. "Sabés una cosa... cuando Máximo tenía nada más que 6 meses ya lo llevaba al monte, está acostumbrado porque lo llevo a todos lados", cambia de tema.
Después narra como es una jornada de su vida. "Me levanto todos los días a las 6 de la mañana, desayuno, ordeno algunas cosas y salimos para el monte, y allí acarreamos leña, y se trabaja con el hacha y la sierra circular. Están mi papá, mi tío, un primo, mi hermana y mi cuñado. Pero no es lo único, porque por más que se crea que soy una mujer con un trabajo medio particular, tengo que atender la casa, lavar, planchar, cocinar...".
La política.
"Siempre fui decidida, y cuando iba al secundario fui delegada de mi curso. Ahora resulta que allá por fines de junio se hizo una reunión del Frepam en Chacharramendi y fui en representación de mi familia. Y bueno, hablamos, expuse mi punto de vista y me propusieron para competir por la intendencia, y soy una persona que cuando tomo decisiones no dudo. Quiero ser intendenta de mi pueblo, porque creo que tengo muchas cosas para aportarle. Porque la gente se sigue yendo, y hay que hacer algo para evitarlo".
"¿Ideas? Sí, tengo algunas. Parece loco, pero me parece que se podría pensar en un secundario con asiento en Chacharramendi, que tome alumnos de toda la zona; hacer que las familias estén mejor, trabajar en lo social porque las obras son importantes pero la gente necesita que le satisfagan sus necesidades más elementales. Hay que terminar de arreglar el tema del agua, porque dos por tres no tenemos; mejorar los servicios de comunicación, porque por ejemplo no hay internet en el pueblo. Hay mucho para hacer", completa.
"¡Aló, Tamara!".
Agrega luego que "hay que estar cerca de la gente, si es necesario ir casa por casa. Sé que mi gente tiene su forma de vivir, que en general es feliz, pero hay carencias y se tienen que superar". Y dice enseguida: "Siempre en mi casa nos decían que hay que aprender a ser pobre, pero aspirar a un poquito más. Me acuerdo que cuando estudiaba en Córdoba nos reuníamos donde yo vivía, y compartíamos apuntes y mateadas. Una vez nos quedamos sin gas y a mí se me ocurrió prender un fueguito en el patio... ¿Qué, nos íbamos a quedar sin comer? Ese es mi espíritu", reflexiona.
Quiere también un contacto directo con los pobladores. "En Chacharramendi hay una radio FM, y mi idea es tener un espacio desde el que, si soy intendenta, pueda dirigirme a ellos". ¿Algo así como "Aló, Tamara?", le digo. "Algo así, sí".
"Tengo sueños, claro que sí. En lo personal poder criar de la mejor manera a mi hijo, enseñarle que con esfuerzo y trabajo se pueden lograr objetivos, que no hay que esperar que a uno les den las cosas sino que hay que ganárselas. Quiero un futuro mejor para mi pueblo, y si puedo cambiar algo trabajaré para eso", promete ya en el final, casi como una política en campaña.
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