El "largo brazo" de la ley, en acción

Por Emilio Cárdenas

El somnoliento aeropuerto de Nouakchott, la capital de Mauritania -una paupérrima ex colonia francesa, hoy república árabe islámica, emplazada entre el Sahara y el azul del Atlántico- de pronto se convulsionó. Algo inusual había alterado la sensación de calma habitual en ese lugar.

En un vuelo regular -procedente de Casablanca- se acababa de detener (pocas horas atrás) a uno de los criminales más buscados del mundo. Me refiero a Abdullah al-Senoussi, el cuñado y ex jefe de los servicios de inteligencia del hasta no hace mucho líder libio, Moammar Ghadafi.

El hecho ocurrió cuando Senoussi pretendía ingresar al país con un pasaporte de Mali, falsificado. Había, en su momento, escapado de Libia a través del Chad y de allí pasado (quizás, vía Mali) a Marruecos, donde habría sido identificado por los activos servicios secretos locales, que alertaron -a su vez- a los franceses.

Aparentemente las autoridades de Mauritania actuaron advertidas por la policía francesa, de la que al-Senoussi habría estado escapando presurosamente, acompañado por su hijo.

Así como en Siria la inhumana represión a las protestas populares está en manos del propio hermano del presidente Bachar el-Assad, esto es de Maher el-Assad, en la autoritaria Libia de Moammar Ghadafi ella estaba en manos de Senoussi. En ambos casos, la represión ha sido entonces un asunto estrictamente de familia.

Senoussi tiene antecedentes gravísimos. Francia lo procura activamente por su participación decisiva en el atentado con una bomba que destruyera en el aire al vuelo de UTA 772, en 1989, sobre Níger. Los 170 pasajeros y tripulantes del avión murieron instantáneamente. Entre ellos había 54 ciudadanos franceses.

Por esto Francia (advertida de su captura) requirió de inmediato su extradición. El país galo tiene sobre él el reclamo más antiguo. Por esto las posibilidades de que Senoussi sea entregado a Francia son grandes. Veintidós años después del aberrante atentado contra el vuelo de UTA, Senoussi puede enfrentar pronto a la justicia francesa y, si fuera encontrado culpable, comenzar a pagar por sus culpas.

Senoussi es también buscado por Libia, que pretende juzgarlo por su larga lista de crímenes de lesa humanidad. Entre ellos, los cometidos durante el gobierno de Ghadafi contra los presos políticos y disidentes en la infame prisión de Abu Salim, donde las muertes y las torturas fueron habituales. Y ciertamente numerosas.

No obstante -por estar sumergido aún en el caos- ese país no parece estar en condiciones de garantizar que su justicia reúna efectivamente las condiciones de eficiencia, independencia e imparcialidad que se requieren para juzgar a Senoussi. Pese a esta realidad, lo cierto es que el Consejo Nacional de Transición de Libia está requiriendo formalmente su entrega, para juzgarlo en ese país junto a Seif al-Islam, uno de los hijos de Ghadafi arrestado en noviembre pasado, que continúa detenido.

A ello se suma el hecho que, además, la propia Corte Penal Internacional ordenó, en junio pasado, el arresto de Senoussi por la responsabilidad que pudiera caberle por los crímenes de guerra (esto es por los delitos de lesa humanidad cometidos en el conflicto armado interno) ocurridos durante los días de la durísima represión desatada por el régimen de Ghadafi contra los sublevados antes de la agónica intervención aérea de los países occidentales.

Mauritania, cabe recordar, no es uno de los Estados Miembros que acepta la jurisdicción de la Corte. No obstante, tiene el deber de colaborar con ella.

El siniestro Senoussi tiene frente a sí tres avenidas distintas a transitar, según queda visto. Todas ellas conducen presumiblemente al mismo final: uno o más juicios, cuyo resultado apunta a que finalmente tenga que pagar por los aberrantes crímenes de lesa humanidad de los que, como se sospecha, podría ser responsable.

El "brazo de la ley" es largo. Felizmente es así para la humanidad toda..

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