Cientos de pasajeros quedaron varados, entre ellos tres integrantes de la selección argentina de bádminton.
Los pasillos y la confitería de la ETON albergaron a los pasajeros varados durante toda la jornada. Los que pudieron, optaron por irse a sus casas y desde allí llamar de tanto en tanto a las empresas para ver cómo continuaba la situación. Otros, más apurados, decidieron emprender su viaje en auto.
Este fue el caso de tres jóvenes de 16 años quienes esperaban poder viajar a Buenos Aires, ya que hoy a las 16 tomarán un vuelo hacia Canadá, donde participarán del Torneo Internacional de Bádminton.
Forman parte del seleccionado nacional y al enterarse que su colectivo tenía poco más de seis horas de retraso sus padres se organizaron para viajar en su propio vehículo. “Llegamos y nos dijeron que no saben cuándo sale el colectivo, así que no nos queda otra que uno de nosotros los lleve hasta Buenos Aires”, comentó uno de los padres de los jóvenes deportistas. Hace meses que estaban entrenando y fueron seleccionados entre cientos de jóvenes para viajar. No contaban, claro, con un paro de choferes.
Espera interminable
Quienes viajaban con destino al interior del país debieron tener paciencia. “Estoy esperando desde las 8 y aún no me dicen si el colectivo va a salir. Hace más de siete horas que estoy acá sentado con mi hija”, explicó un pasajero. El hombre viajaba hacia Bahía Blanca a ver a su familia pero su viaje se vio retrasado casi 12 horas. Otros eligieron sentarse en alguna confitería y esperar con tranquilidad. “Vamos para Bariloche y no sabemos cuándo vamos a salir porque no nos informan nada. Venimos de vacaciones y justo pasó esto. No dicen nada pero sabemos que hoy vamos a viajar”, comentó una mujer mientras esperaba junto a su hija en una de las confiterías de la ETON.
Calma y lectura
La larga espera también derivó en tener que aprovechar el tiempo de otra manera. “Hay que tomárselo con calma. Nos dijeron que salimos en un par de horas así que aprovecho para leer y charlar un poco con mi madre. No podemos hacer nada y no sirve enojarse”, argumentó una pasajera que viajaba hacia Rosario donde vive. Hacia una semana que la mujer se encontraba en esta ciudad visitando a su familia. Pese a que pudo regresar a la casa de sus familiares prefirió quedarse leyendo, mientras el servicio se normalizaba.
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