Una lamentable tradición que casi termina muy mal

Una joven fue bañada por un cóctel preparado por amigos, con materia fecal, vinagre y otros productos, y sufrió problemas de visión. "No tendría secuelas", dijo el oftalmólogo que la atendió.
La costumbre de "bendecir" a las flamantes quinceañeras con extraños cócteles, muchos de ellos conteniendo materia fecal u orina, ganó ayer los espacios periodísticos locales a partir de las lesiones que sufrió en sus ojos una alumna del Colegio Ciclo Básico.

Si bien la adolescente evidencia por estas horas algunos inconvenientes en su visión, producto de ulceraciones en sus córneas por el posible contacto con vinagre, los especialistas que la atienden señalaron que, en principio, no tendría secuelas.

Los hechos se precipitaron el pasado domingo, en horas de la tarde, cuando la víctima, que cursa el noveno año del citado establecimiento educativo, recibió el "bautismo" de varias de sus amigas.

El cóctel contenía, entre otros elementos, excremento de perro, por lo que en un primer momento se temió una posible afección bacteriana, pero luego comenzó a robustecerse la teoría de una vinculación con el vinagre, otro de los elementos presentes en la mezcla arrojada.

Este tipo de prácticas, que pueden tener resultados desastrosos, sobre todo porque muchas veces los jóvenes que confeccionan los cócteles no conocen el riesgo potencial que supone la presencia de ciertos ingredientes, viene siendo moneda corriente en los últimos años y no se trata de una simple moda, ya que constituye una --lamentable pero arraigada-- tradición en este tipo de festejos.

En el mismo sentido, sólo basta echar un vistazo a las graduaciones en instituciones universitarias y terciarias de nuestra ciudad.

"Buena evolución". El doctor Héctor Daniel Pasqualini fue el primero que asistió a la chica, el pasado domingo en la guardia de la Clínica de Ojos del Sud, ubicada en Alsina 89.

"Llegó con úlcera en las dos córneas, un gran edema en ambos párpados y una inflamación de la conjuntiva. Los familiares desconocían lo que le habían arrojado, pero sabían que había vinagre y otras sustancias. Tenía muchas molestias y se le hizo el tratamiento médico correspondiente", relató el oftalmólogo a "La Nueva Provincia".

Dijo que en la actualidad está haciendo reposo en su domicilio y que tiene "una pequeña reducción" de la visión, pero producto del fármaco suministrado para que descansen los ojos.

"Se le aplicaron unas gotas que producen menos visión, aunque está teniendo buena evolución", recalcó.

El tratamiento tiene una duración de 7 a 10 días y recién después se sabrá si, eventualmente, pueden quedar secuelas.

"Aparentemente no tendría, porque está respondiendo bien al tratamiento", sostuvo Pasqualini.

Acerca de si el agente agresor pudo ser el vinagre o la materia fecal, respondió que lo desconocía.

"Cuando llegó la paciente pude ver dos úlceras. Nosotros vemos directamente las consecuencias, no las causas. Sabemos que era una mezcla y que el vinagre es muy abrasivo", amplió.

Pasqualini, por último, aclaró que nunca antes había atendido un caso con este particular origen.

Entre "competencia y envidia"

La licenciada en Psicología Graciela Wajner de Porcelli Piussi se preguntó "cuál es la culpa" de quien cumple años, se va a casar o se recibe, para ser víctima de un ataque y emparentó esas situaciones con "la competencia y la envidia".

"Me da la impresión que quienes rodean al que festeja algo, no pueden soportar que esa persona tenga una situación diferente a la de ellos, surge como una situación de competencia y envidia que genera agresividad", opinó la profesional, al ser consultada sobre el caso de la joven de 15 años conocido ayer.

Porcelli Piussi también reconoció que en otra época estas conductas eran patrimonio del hombre, generalmente en las despedidas de soltero.

"La mujer, lamentablemente, empieza a competir en todos los ámbitos con el género masculino y también en la agresividad. Es una cosa que se ve, como las peleas a trompadas, que antes no sucedían. Hay una competencia de la mujer por hacer las mismas cosas que los hombres", expresó.

La psicóloga aseguró que hay "una situación social que no es de ahora", relacionada con "el chivo expiatorio de la agresividad contenida de un grupo".

Y abordó el tema recurrente de los límites.

"En casos así también faltan límites de los padres. Esto, de todas maneras, se remonta a los chicos más chicos, cuando son sometidos a lo que se llama `mordiscón'. Es una agresión hacia el símbolo del cumpleaños", graficó.

"Los adultos muchas veces permiten cosas que se van acrecentando por la propia impulsividad de la adolescencia y, quizás, el uso del alcohol. Va creciendo socialmente y llega a un punto de total inconsciencia, que puede llegar a arruinar una vida para siempre", cerró.

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