Por Ricardo RoaLa teoría conspirativa es siempre la opción más fácil para el análisis. Primero porque acomoda las piezas a lo que uno cree . Y luego porque ahorra esfuerzos: se trata de probar una sola hipótesis, que además viene dada de antemano.
En el caso García Belsunce hay tantos absurdos y contradicciones que es difícil rechazar la idea de un complot. Y encima hay más de uno.
Lo único probado es que María Marta fue asesinada. Y su viudo, Carrascosa, ha sido condenado como autor del crimen. El complot más difundido y aceptado por la mayoría es el de la propia familia. Habría un pacto de silencio para proteger a Carrascosa y a ellos mismos. El supuesto encubrimiento empezará hoy a ser juzgado (Ver: La hermana de María Marta no irá presa por el asesinato).
La hipótesis de la confabulación falla en un punto clave: falta el móvil ¿Por qué lo hicieron? Nadie lo explica. Ahí entra que María Marta tenía cinco balazos en la cabeza y fue velada y sepultada como si hubiera muerto de un golpe en la bañera. Y la suya es una familia de abogados ¿Ninguno sospechó otra cosa? La escena del crimen fue limpiada, el casquillo de una sexta bala tirado a la basura y un certificado médico de defunción adulterado. Y la lista sigue.
Con estos datos, un tribunal condenó a Carrascosa por encubrimiento. Y con los mismos datos, otro superior lo declaró culpable de asesinato.
Es obvio que uno de los dos se equivocó.
Y extraño que el segundo, Casación, que no revisa pruebas sino la legalidad del juicio, cambiara la tipificación de encubrimiento por la de homicidio.
El mapa de idas y vueltas de la Justicia es tan largo como que un fiscal estuvo en el velatorio pero como amigo de la familia.
Tampoco él sospechó nada . Otros dos fiscales acaban de acusar a la hermanastra de María Marta con una pericia tan floja que de inmediato un juez la desestimó.
Toda la familia quedó en la vereda de culpables o encubridores y ninguno puede querellar a nadie.
¿Alguien tiene una buena pista?
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