*Kirchnerismo neuquino, entre el éxito y la inquietud

Lo que puede esperar el peronismo kirchnerista en Neuquén. La obligación que puede ser una solución a una larga espera. La responsabilidad de Darío Martínez, síntesis de una campaña que será singular y dura.
El peronismo que hace alarde, por convicción o conveniencia, de un exacerbado kirchnerismo en Neuquén, tiene motivos para celebrar el buen momento, y también razones para dudar de una plenitud gozosa en el corto y mediano plazo.

Como en las máscaras que representan el teatro, la tragedia y la comedia, la risa y la mueca amarga, conviven en la inquieta conciencia política de referentes con la suficiente experiencia acumulada a través del cambiante parnaso justicialista. La coyuntura, tras el enorme éxito de las primarias, es prometedora; pero al mismo tiempo, exigente. La gran apuesta será tratar de mantener en el nivel más parejo posible la intención de voto hacia la presidenta Cristina, con la que reciban los candidatos locales.

Hay dos niveles de competencia, relacionados pero a la vez diferenciados, en octubre. El primero es el de la competencia para ocupar bancas en la Cámara de Diputados de la Nación. Hay dos en juego, y el PJK quiere ir por ambas. El segundo, aunque tal vez el más importante, es el de la carrera por la intendencia capitalina.

En las Primarias, el Frente para la Victoria (sello electoral del PJK más aliados) obtuvo en Neuquén más de 20 puntos de diferencia por sobre el MPN; pero al mismo tiempo, estuvo más de 12 puntos debajo de lo conseguido por la fórmula Cristina Fernández-Amado Boudou.

Esa es la primera preocupación, habida cuenta que el MPN competirá en octubre llevando también en la boleta la fórmula presidencial. La lógica indica, sin mayor esfuerzo intelectual, que el MPN mejorará su desempeño, y el kirchnerismo puro sufrirá una baja en sus votos a diputados.

Ganar las dos bancas, implicaría una victoria plena. Ganar una, casi una derrota. Las dos máscaras aparecen como una posibilidad amenazante, sin que sea necesaria una humillación en las urnas, sino apenas un resultado bueno aunque insuficiente. Es, realmente, un sino casi grotesco, surgido de la obligación impuesta por unas Primarias demasiado exitistas.

El PJK es más o menos conciente de esto. Por eso, al igual que el MPN, unificará al máximo su campaña, y quien llevará el peso máximo de la responsabilidad de construir masa crítica favorable al elenco local del kirchnerismo, será el candidato a intendente en la capital, Darío Martínez.

Así, es posible que los comicios municipales se conviertan también para el PJK (ya lo son para el MPN, para UNE y para el radicalismo en sus dos variantes) en lo más importante, en el desafío mayor de una campaña que cada sector político abordará desde el énfasis mayor que pueda lograr.

Por ahora, Darío Martínez va cumpliendo en la acumulación de respaldos. El Frente Grande se corrió del farizanismo y se alojó decididamente en el FpV. Lo mismo hizo el MUN y otros aliados que se sintetizan en la figura de Rodolfo Canini. El peronista los recibe con los brazos abiertos en el gran seno del placentero mundo de Cristina, del que se siente parte como exponente de la nueva “juventud maravillosa”.

A Martínez solo le queda esperar el resultado de la interna entre Farizano y Burgos, para terminar de definir su propio escenario, y saber con claridad cuántos rivales tendrá enfrente. Su candidatura ya es innegociable. Será candidato porque el PJK no tiene más camino que ser protagonista del podio en octubre. Está obligado, aunque es una obligación que no debería ser un problema, sino una solución en sí misma para un partido que ha vivido postergado, dividido e inestable durante los 50 años de vigencia del MPN.

La coyuntura, así, tan favorable al kirchnerismo en Neuquén como en la mayoría de los distritos políticos del país, deberá entenderse con el tamiz de las municipales. Que antes son en Plottier y en Rincón de los Sauces, municipios que aportarán a favor o en contra para los candidatos de octubre en la capital.

Ya se sabe, por experiencia de lo que ha sucedido en el país, que la intención de voto que favorece a Cristina Fernández, no es mecánicamente trasladable a otros candidatos del mismo mundo K. Que cada distrito oficia sus propios ritos.

En esta realidad, al PJK neuquino le sobran razones para el optimismo, casi las mismas que lo obligan a la prudencia, y a una campaña en la que deberá apretar los dientes y acentuar las ganas, si es que quiere ostentar en octubre la misma sonrisa que tuvo en este agosto engañoso, entre el invierno que se termina y la primavera que aun no comienza.

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