El kirchnerismo, ante un efecto inesperado

Por Fernando Laborda

No hay dudas ya de que la tragedia ferroviaria de Once ha provocado una caída de la imagen positiva de Cristina Kirchner y de la gestión gubernamental. El caso de Ciccone Calcográfica, que tiene como protagonista al vicepresidente Amado Boudou, también salpicará a la jefa del Estado, aunque hoy no es fácil descifrar cuánto.

Expertos en opinión pública presienten que el llamado "Boudougate" es un escándalo más parecido al caso Skanska que al de la recordada bolsa con dinero de Felisa Miceli, por lo complejo de entender para el común de la gente. También perciben que, hasta hoy, el caso Ciccone tuvo más impacto en el posicionamiento de los funcionarios enfrentados con Boudou en el Gobierno que en la sociedad.

Pero, más allá de esas consideraciones, lo cierto es que la imagen de Cristina Kirchner y de su gobierno caen. Ya antes de la masacre de Once, las opiniones positivas sobre la Presidenta bajaron desde su pico de noviembre, cercano al 70%, al 61% en enero, de acuerdo con Poliarquía. Y quienes midieron su imagen en los últimos días estiman que habría bajado desde entonces entre 8 y 11 puntos.

Jorge Giacobbe y Asociados le asigna a la Presidenta una imagen positiva del 49% esta semana, ocho puntos menos que en su medición de un mes atrás. En coincidencia con esta baja, el 75% de unos 600 ciudadanos consultados exclusivamente en la provincia de Santa Fe señala que la tragedia ferroviaria es responsabilidad del gobierno nacional (el 89% culpa a la empresa concesionaria).

La encuesta de Giacobbe en territorio santafecino también midió el caso Ciccone. El 62% dijo estar enterado de las denuncias de corrupción que involucran al vicepresidente contra el 38% que dijo no conocerlas. Entre quienes estaban al tanto de las denuncias, el 20% señaló que creía totalmente en ellas; el 39% dijo creer que "algo hay"; el 12% sostuvo que "puede haber algo pero es una cuestión más mediática que otra cosa"; sólo el 9% afirmó no creer nada. Cuando percibió que la opinión pública no estaba de su lado, Boudou decidió romper su silencio y hacer declaraciones a medios afines al oficialismo.

Entretanto, desde el Gobierno se apunta a catapultar el conflicto con Mauricio Macri por los subtes al primerísimo plano. Con esta estrategia K, el jefe porteño gana en posicionamiento, aunque no necesariamente en imagen positiva, en tanto la Presidenta apunta a mantener el apoyo de quienes podrían ser seducidos por sus críticos de la izquierda. Hoy Cristina Kirchner cuenta con un colchón de imagen positiva que le permite capear temporales que ella misma genera, como el desatado por sus desafortunadas expresiones contra los docentes, a quienes acusó de trabajar cuatro horas e irse tres meses de vacaciones. Claro que nada es para siempre.

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