El santacruceño no ocupa su banca de diputado. El riojano apenas va al Senado.
Carlos Menem es el único senador que ingresa por la explanada principal de la avenida Entre Ríos, para llegar directamente a su oficina de planta baja. Este año pasó fugazmente por allí y fue responsable de dos de las tres sesiones frustradas por falta de quórum.
Es inédito que coexistan en el Parlamento dos ex presidentes consagrados por el voto popular (Pellegrini coincidió con Mitre en el Senado, entre 1895 y 1902, pero había ascendido a la Presidencia por acefalía). Pese a que Menem y Kirchner aseguran no parecerse en nada, esa no es su única coincidencia: son los que más aplazos acumulan en el boletín de calificaciones de cada cámara y así difícilmente compartan el cuadro de honor con Mitre y Sarmiento, o igualen la hiperactividad que tuvo Alfonsín en el Senado.
En la sesión preparatoria de diciembre, Carlos Kunkel le explicó a Kirchner cómo presionar los botones para las votaciones. Fue en vano: no asistió al primer debate en el recinto y nadie se anima a asegurar que lo haga un día. No figura en ninguna comisión ni presentó proyectos. Eso sí, de los conflictos parlamentarios nunca estuvo ajeno: desde Olivos sigue dando órdenes a los bloques oficialistas de ambas cámaras.
La banca no lo entusiasma tanto como la posibilidad de pasar a conducir la Unasur en mayo. Pero no se iría del todo. Pediría licencia, según dijo su asesor ad honorem Juan Manuel Abal Medina, vicejefe de Gabinete de Cristina. Opositores malpensados deslizaron que lo hará para no perder los fueros por si lo imputan en alguna de las causas que investiga la Justicia.
El vacío que deja el santacruceño en su despacho lo llena algunas horas Abal Medina, al filo de la incompatibilidad: es un funcionario del Ejecutivo que incide en el funcionamiento de otro poder. De hecho, retransmite instrucciones al bloque que dirige Agustín Rossi para trabar proyectos de la mayoría opositora. El que sólo apareció una vez fue Miguel Núñez, que trocó su papel de vocero mudo por el de asesor fantasma.
Menem tampoco tiene vocero parlamentario. Aunque sí un compacto grupo de secretarios y otro de custodios personales, que incluye al ex boxeador Rodolfo Aguirre. Su cuerpo de asesores tiene poco trabajo: en todo el año pasado presentó un solo proyecto de ley (para endurecer las penas por abuso sexual) y en lo que va de 2010, ninguno. Como atenuante para su baja producción en los últimos tiempos alega un débil estado de salud.
Con todo, el caudillo riojano se las ingenió para volver al centro de la escena con el faltazo que pegó a la primera convocatoria a sesión preparatoria, dejando sin el tan preciado voto 37 necesario para el quórum a sus aliados del conglomerado antikirchnerista. Se dio el gusto de acusar al día siguiente por maltrato a sus compañeros del peronismo disidente una vez que terminó de pegarle a la pelotita en el campo de golf del barrio privado en el que pasa sus días en La Rioja. El capricho le valió para asegurarse la presencia en seis de las comisiones más importantes. Una más que el límite que fija el reglamento para cada senador. Sólo fue a dos.
Kirchner y Menem, los que más DNU firmaron desde el 83, eludiendo al Congreso. No sorprende que sentados en el Parlamento sean los peores de la clase.





Comentá la nota