“Quiero avisar a quienes me vayan a votar como senador por Córdoba, que estoy a favor del matrimonio gay”.
También dice que ha estudiado el tema desde lo bíblico y que tampoco ha encontrado impedimento alguno. No son pocos los que hablan de una alianza entre Juez y el kirchnerismo en temas que exceden lo que se discute hoy en el Senado. Y dan un botón de muestra: Juez llevó a la comisión de Labor Parlamentaria un pedido que le hizo una funcionaria del Inadi para que dejaran entrar las barras de los partidarios del matrimonio entre homosexuales. También preguntan, con mirada pícara, “¿cuánto hace que Juez no critica a Kirchner y a Cristina?”
Más allá de las picardías y maquiavelismos diversos (viaje de dos senadoras K a China, acompañando a la Presidenta, impugnación de Pichetto al dictamen de mayoría de la comisión respectiva, etcétera), hay otras especulaciones que también dan qué pensar.
Por ejemplo, ¿qué hará Carlos Menem?
Hace rato que Menem ha cortado vínculos con sus amigos políticos. Directamente no les responde el teléfono. Ese silencio incluye a la totalidad de su
círculo más estrecho e incluso al propio vocero del ex presidente. En todos los corrillos se habla de un pacto tácito con Néstor Kirchner. Menem se presenta o se ausenta del recinto, según las necesidades coyunturales del oficialismo y vota lo que a Kirchner le conviene que vote, a cambio de que los juicios contra él se paralicen o vayan a una vía muerta.
Si este pacto es cierto, si tiene existencia verdadera, entonces Menem ha decidido terminar su carrera política de la manera más oprobiosa e indigna. No porque haga un pacto con Kirchner sino porque hace un pacto con quien representa un pensamiento político que está en las antípodas del propio. Más que un pacto, se trata de una rendición incondicional a cambio de su libertad personal. Semejante negocio político supone también la aceptación tácita, por parte de Menem, de su culpabilidad en las causas en cuestión. Sería un final de comedia para una trayectoria política de las más importantes del siglo pasado.
Distinto es el caso de Luis Juez, del cual puede esperarse cualquier posición política sobre cualquier tema. No hay que olvidar que su afinidad con el kirchnerismo tiene vieja data: durante 4 años se mostró como un soldado fiel al gobierno nacional. Tanta vecindad y simpatía recíproca requería, claro está, una amplia base de coincidencias que luego de-saparecieron bruscamente por una razón que carece de misterio: la falta de respaldo del gobierno nacional a la tesis juecista acerca de que el 2 de setiembre de 2007 hubo fraude electoral.
En ese preciso momento, Juez descubrió todos los males que encerraba el proyecto kirchnerista. Ahora, en un rapto de sinceridad, se suma nuevamente a quienes lo acompañaron durante varios años.
La unión entre Kirchner, Menem y Juez -todos del mismo sexo- no deja de ser poco convencional y contra la naturaleza política confesada por los personajes.



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