Por: Ricardo Kirschbaum.La estrategia se explica por el objetivo: Kirchner juega todo al 98. Ese es el número del artículo de la Constitución al que el ex presidente se aferra para intentar prolongar su sueño nepotista de suceder a su esposa en el poder en 2011.
Para conseguir superar los 40 e impedir que cualquier opositor se arrime a una cifra inferior a los 10 puntos, Kirchner precisa de un peronismo muy unido y del aporte de un sector de la centroizquierda, recuperando además a una parte de la clase media.Para ello debe tratar de fragmentar todo lo posible a la oposición –algo de lo que la propia oposición se encarga con fruición– y destruir o neutralizar focos de influencia crítica. El asedio inédito a Clarín y a los pocos medios no oficialistas, con todo el peso del Estado (su red mediática y la cadena paraestatal, generosamente alimentada por el dinero oficial, además de sus servicios de informaciones), forma parte de ese objetivo. Kirchner se ilusiona con recuperar parte de lo que perdió por su torpeza y sectarismo, al acallar las voces discordantes.
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