Por Carlos PagniJosé Mujica regresó ayer a Montevideo convencido de que con su visita a Buenos Aires se inició la reconstrucción del vínculo entre Uruguay y la Argentina. Habló con Cristina Kirchner de la conveniencia de ampliar la agenda bilateral: avanzar con el observatorio ambiental, dragar el canal Martín García y, especialmente, discutir sobre el precio del peaje que cobra la Argentina por el tráfico de gas desde Bolivia a Montevideo. Son todos asuntos cruciales para Mujica, que en Olivos insistió sobre la gravedad del bloqueo al puente compartido, pero se abstuvo de presionar para su liberación. Mucho menos habló de plazos
La actitud comprensiva de Mujica deriva del fallo en el cual la Corte Internacional de La Haya dictaminó que Uruguay había violado el Estatuto del Río Uruguay de 1975 al autorizar la instalación de las pasteras sin consultar al otro Estado ribereño. Para un país que a lo largo de su historia fue muy escrupuloso con el derecho internacional, esa sentencia fue un baldón. "Es un episodio que no nos sale gratis: en muchas negociaciones nos recordarán, en el futuro, que violamos una norma" se lamenta un importante funcionario de la cancillería oriental. Pero, además, el fallo entrañó otro inconveniente: probada la transgresión, los jueces no establecieron sanción alguna. Ni siquiera fijaron una multa.
La indulgencia de La Haya reanimó la ira de Gualeguaychú. Cristina Kirchner teme al fantasma de la violencia, y tiene razón. Si el domingo pasado los manifestantes entrerrianos no se trenzaron con los de Fray Bentos -unas 500 familias afectadas en sus economías por el corte- fue por la habilidad de la Prefectura para separar a ambas columnas.
Además de obligarlo a reprimir -y, ya se sabe, no hay represión "progre"-, Gualeguaychú puede darle al Gobierno un disgusto electoral. El gran torneo del año próximo comenzará en marzo, con elecciones provinciales en Entre Ríos y Catamarca. Por ahora la efervescencia de los ambientalistas está encapsulada. Pero el kirchnerismo, representado por el gobernador Sergio Urribarri, podría enfrentar más dificultades si el clima de enojo se extiende por la provincia. Allí el PJ viene de perder los comicios ante la UCR, y sigue disperso. Los kirchneristas de Urribarri están enfrentados con los ex kirchneristas de Jorge Busti y los antikirchneristas de Héctor Maya, ahora aliados al Pro de Mauricio Macri.
Mujica sabe que los Kirchner no tienen solución para ofrecer a los uruguayos porque tampoco la tienen para los que protestan en Gualeguaychú, más que la promesa de brumosas inversiones. El único factor que hoy podría debilitar a la asamblea es el activismo de otros vecinos angustiados por la caída del comercio, que es del 44%.
Esta limitación aconsejó a Mujica, desoyendo las presiones de su propio partido, no acorralar a los Kirchner con exigencias inmediatas. A un hombre con sus antecedentes no hay que explicarle la psicología de quienes ponen al poder entre la espada y la pared movilizando sentimientos populares. "Lo peor que se podría hacer es condicionar nuestra política al comportamiento de una asamblea de vecinos; en ese caso el poder se lo estaríamos dando nosotros" explican diplomáticos orientales. En Montevideo pretenden desligar las decisiones de la cancillería de la Asamblea de Gualeguaychú. "No se puede negociar a cambio del levantamiento del corte, porque la protesta puede reponerse con que sólo aparezca un pescado muerto" razonan allí. La vocación de Mujica por diferenciarse de su antecesor y rival, Tabaré Vázquez, no necesita ser señalada.
Néstor Kirchner es el principal beneficiario de este enfoque y del pasable sentimiento de culpa oriental por la transgresión del tratado.
Cuando el 4 de mayo se reúnan, en Los Cardales, los presidentes de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), Mujica votará por Kirchner como secretario general de esa liga. Removido el veto oriental, Kirchner conseguirá la plataforma desde la cual piensa llevar adelante su campaña presidencial hacia 2011. Curioso beneficio con el que las relaciones internacionales premian a alguien que siempre las despreció: es inédito que un conjunto de países encomiende un organismo multilateral a un dirigente que está luchando por el poder en su propia tierra.
Visita ecuatoriana
Los diplomáticos uruguayos recibieron la semana pasada al canciller del Ecuador, Ricardo Patiño, quien realizó una gira regional para asegurarse de que su presidente, Rafael Correa, no volverá a ser desairado si postula a Kirchner. Patiño pasó después por Buenos Aires -tiene doble motivo: una hija suya estudia en Morón- e informó que el camino de Kirchner está despejado. De todos modos, el canciller oriental, Luis Almagro, advirtió: "Decidiremos el voto cuando Kirchner se postule". Mujica adelantó: "Sólo le pondríamos obstáculos a los golpistas". Pero, sensible a las presiones de su propio frente interno, prefiere conservar en la manga la carta de una postergación en la elección del secretario de la Unasur.
Antes de llegar a Buenos Aires, Mujica preparó la agenda de la reunión, en Montevideo, con otro ex guerrillero, Rafael Follonier. Este canciller en las sombras de los Kirchner, hizo ayer una escala en esa ciudad; venía de Brasil. En esa entrevista se aclaró que la señora de Kirchner no esperaría a su colega con un pedido de disculpas.
A Follonier se lo viene mencionando como eventual embajador en Uruguay. La especulación revela un dato increíble: la Argentina atraviesa esta crisis sin un representante al otro lado del Plata. En cambio Mujica incorporó a la reunión de ayer a Guillermo Pomi, quien pronto será su hombre en Buenos Aires.
La Presidenta se empeña en recomponer vínculos que fueron arruinados por su esposo: primero con el Vaticano, después con la Casa Blanca, ahora con Uruguay. Pero nada modifica la indiferencia de Néstor Kirchner por el mundo externo. Ya se sabe que, contra lo que obligan los reglamentos, no se establecerá en Quito -la excusa es que Correa todavía está edificando la sede de la Unasur- sino que volverá a ocupar oficinas en Puerto Madero (¿las mismas que le alquilaba Cristóbal López?).
Tanto desdén inspira las interpretaciones más mezquinas. En la asamblea de Gualeguaychú fantasean con que "los intereses ambientales fueron entregados a las pasteras a cambio de la inmunidad para Kirchner", como adujo ayer ante este diario uno de los ecologistas. Pero también allí se desconoce el ritual de la diplomacia. El ex presidente de Costa Rica Miguel Angel Rodríguez, fue elegido en 2004 secretario de la OEA. Al mes debió renunciar, acosado por las causas judiciales. La secretaría de la Unasur goza de fueros. Pero el caso de Rodríguez demuestra que a veces se producen climas de opinión que, como las aguas ácidas que temen los entrerrianos, terminan por corroer cualquier blindaje.












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